Actividad en el Templo

Arcas de la tesorería

Cuando Jesús estuvo en la Tierra, una parte del templo de Jerusalén se denominaba “la tesorería”. (Juan 8:20.)

Parece ser que estaba en la zona llamada el atrio de las mujeres. En el templo redificado por Herodes había trece cajas del tesoro en ese patio colocadas a lo largo del muro.

Tenían la forma de trompetas, con pequeñas aberturas en la parte superior, y imagese depositaban en ellas diversas contribuciones y ofrendas. (Marcos 12:41.)

Los sacerdotes se negaron a depositar en el tesoro sagrado las piezas de plata que Judas arrojó dentro del templo, “porque —dijeron— son el precio de sangre”. (Mt 27:6.)

Se cree que en este templo también había una cámara del tesoro principal donde se depositaba el dinero de las arcas de la tesorería.

13 arcas en el Atrio

Cada arca tenía un propósito diferente, como lo indicaba una inscripción en hebreo.

  1. Arca: Siclos nuevos; es decir, siclos apartados para los gastos del año en curso.
  2. Arca: Siclos viejos; es decir, los dedicados a pagar los gastos del año anterior.
  3. Arca: Tórtolas y palominos; el dinero que se echaba aquí era el precio que pagaban los que tenían que ofrecer dos tórtolas o dos palominos, una de las aves como ofrenda quemada y la otra como sacrificio por el pecado.
  4. Arca: Ofrendas quemadas; este dinero cubría el gasto de las otras ofrendas quemadas.
  5. Arca: Madera, y contenía las dádivas de los fieles para comprar madera para el altar.
  6. Arca: Incienso (dinero para comprar incienso).
  7. Arca: Para el santuario (dinero para el propiciatorio).

Las seis arcas restantes llevaban la inscripción:

Ofrendas voluntarias

Las primeras dos arcas

La rotulación de las primeras dos arcas hacía referencia a la capitación de medio siclo (dos dracmas en dinero griego) que por ley se requería de cada varón adulto para el mantenimiento del templo, los servicios que se efectuaban allí y los sacrificios diarios a favor de la nación entera.

Muchas veces esta contribución se recogía en las comunidades locales y después se llevaba al templo. (Mateo 17:24.)

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El arca tercera y cuarta

La Ley también requería que la gente hiciera varias ofrendas a favor de sí misma. Algunas eran por pecados cometidos, otras por razones ceremoniales y otras por su devoción y acción de gracias.

Las cajas marcadas “Tórtolas, palominos” y “Ofrendas quemadas” serían para tales propósitos.

“En la Trompeta III las mujeres que tenían que llevar tórtolas como ofrenda quemada y ofrenda por el pecado echaban el equivalente de estas en dinero, y este dinero se sacaba de allí diariamente para ofrecer un número correspondiente de tórtolas”.

Parece que esto fue lo que hicieron los padres de Jesús cuando Jesús todavía era un niño. (Lucas 2:22-24; Levítico 12:6-8.)

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El arca quinta y sexta

Luego había ofrendas para la madera y el incienso que se usaban en el altar y para las ofrendas voluntarias. “Si alguien daba dinero para madera o incienso, había una cantidad mínima ya fijada, y no se había de ofrecer menos. Era necesario dar por lo menos el precio de un puñado de incienso, o el de dos trozos anchos de madera de un codo de largo”.

Todo esto simplemente da énfasis a la ilustración de Jesús sobre la pequeña contribución que la viuda pobre echó, sin duda, en una de las cajas marcadas “Ofrendas voluntarias”.

Por ser viuda, no se exigía que ella diera la capitación, y debido a sus recursos limitados lo probable era que no podía satisfacer los requisitos mínimos para las ofrendas quemadas de la madera ni de las ofrendas de incienso.

Sin embargo, quería hacer algo para mostrar su amor a Dios. No quería que la excluyeran, o solo dejar que contribuyeran los que ‘podían darse tal lujo’.

Jesús dijo: “Ella, de su indigencia, echó cuanto poseía, todo lo que tenía para vivir”. (Marcos 12:44.)

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Iluminación en el Templo

Cada noche durante la fiestas del Tabernáculo había un despliegue especial de iluminación en el Atrio de las mujeres. Se instalaban cuatro gigantescos candelabros, cada unoimage con cuatro fuentes grandes llenas de aceite.

La luz de estas lámparas, que quemaban aceite de las 16 fuentes, era lo suficientemente fuerte como para iluminar los alrededores hasta gran distancia de noche.

Jesús dijo “Yo soy la luz del mundo. El que me sigue, de ninguna manera andará en oscuridad, sino que poseerá la luz de la vida.”, recordando esta iluminación del Templo.

Toque de trompeta

En los ángulos debía de tener una especie de torretas. Concretamente junto al ángulo suroeste apareció una inscripción en hebreo, que alude al toque de la trompeta.

Probablemente los sacerdotes anunciaban allí, desde lo alto, a toda la ciudad la entrada del ‘sabbat’ y las fiestas, tocando la trompeta.

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Sucesos relacionados con Jesús

De acuerdo con los evangelios, Jesús no sólo entró por donde lo hacía la gente relacionada con el comercio, sino también por donde entraban y salían los judíos piadosos, es decir, por las puertas de Hulda. image

Allí, junto a estas puertas, había numerosos pobres, lisiados y ciegos, que pedían limosna. Tal vez los cojos y ciegos no tenían acceso al interior del templo (2 Sm 5,8; Mt 21,14), pese al silencio de la Misná al respecto.

Cuando en una ocasión sale por allí Jesús, devuelve la vista a un ciego (Juan 8,59; 9,1-7), y, al entrar Pedro y Juan, curan a un paralítico (Hechos 3,1-10), que estaba en la Puerta Triple, la cual, podría ser la «Puerta Hermosa» del texto.

En esta zona sur del templo había también otros accesos subterráneos, no visibles y destinados únicamente a los sacerdotes, que, impuros por cualquier eventualidad, debían acceder al interior del templo a través de unos túneles (mesibot), que conducían a unos baños rituales.

Vigilancia en el Templo

En los días de Jesucristo, los sacerdotes y los levitas trabajaban de porteros y atalayas en el templo re-edificado por Herodes.

Los muchos levitas y sacerdotes de la división que estaban de servicio permanecían despiertos toda la noche y apostados en sus lugares asignados para proteger el templo de robos, intrusos con malas intenciones y que nadie inmundo entrara en los patios del templo.

Como el “el capitán del templo”, hacía la ronda de las veinticuatro estaciones durante las vigilias de la noche, todos los vigilantes tenían que permanecer despiertos en su puesto si no querían que se les tomara desprevenidos. (Hechos 4:1.)

Había otro oficial que estaba a cargo de echar las suertes para los servicios del templo. Cuando este llegaba y llamaba a la puerta, el guarda tenía que estar despierto para abrirle, pues podría sorprenderlo dormido.

La Misná explica: “El oficial del monte del templo acostumbraba a rondar por cada una de las guardias, llevando delante de él varias antorchas encendidas. Al vigilante que no estaba en pie, que no le decía: ‘oficial de la montaña del templo, la paz sea contigo’ y que era manifiesto que estaba dormido, lo golpeaba con su bastón. Tenía también permiso para quemarle el vestido” (Revelación 16:15).

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Música en el Templo

En el templo de Jerusalén la música era un elemento importantísimo, que se destacaba incluso por encima del griterío de la inmensa multitud, que con frecuencia abarrotaba las distintas dependencias del lugar sagrado.

Ante todo, destacaba el sonido grave y penetrante de las trompetas, tanto metálicas como de cuerno de cápridos (sofar), que hacían sonar los sacerdotes durante las celebraciones.

Además había coros de levitas que entonaban bellas canciones vocales, muchas veces acompañadas por multitud de instrumentos de cuerda (cítaras, arpas…), así como por otros de percusión, tanto tamboriles y panderos, como címbalos o platillos.

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Actividad en el Templo

El recinto del Templo tenía mucha actividad como único lugar de adoración para todo el pueblo judío de todas partes del mundo antiguo.

Pero en tiempos de Jesús había degenerado para otras actividades no espirituales como negocios, tratos personales, intercambios y prebendas.

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Negocios en torno al Templo

Alrededor al Atrio de los Gentiles se encontraba atestada de tenderetes, mesas, puestos de vendedores y jaulas con animales.

Allí se vendían palomas, corderos, cabritos y hasta bueyes. En muchos de los tenderetes, se ofrecían y voceaban al público los productos rituales: aceite, vino, sal, hierbas (menta, eneldo, comino), nueces, almendras tostadas y hasta mermelada.

También en medio de aquel mercado al aire libre se hallaba una larga hilera de mesas de los llamados cambistas (griegos y fenicios en su mayoría), que se dedicaban al cambio de monedas, en especial del cambio del medio siclo tirio para el obligado tributo del templo.

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Prácticas en el templo

A fin de pagar el tributo del templo en la moneda debida, los judíos y los prosélitos procedentes de otras tierras habían de cambiar su dinero extranjero. Los cambistas se aprovechabanimage de la enorme afluencia de judíos y prosélitos. Los tratantes tenían un negocio floreciente, pues cobraban una comisión por cada moneda que cambiaban. En la práctica estaban robando a los pobres.

Algunos no podían llevar sus propios animales para sacrificio, y los que lo hacían tenían que presentarlos ante un inspector en el templo para que los examinara, pagando una cantidad. Para no arriesgarse a que se rechazara el animal tras haberlo acarreado desde lejos, muchos compraban a los comerciantes corruptos del templo uno “aprobado” levíticamente. Estos ‘salteadores’ tenían a un “auditorio cautivo”.

Otros datos

Durante el sitio romano de Jerusalén en el año 70 E.C., los judíos utilizaron el recinto del templo como una ciudadela o fortaleza.

Ellos mismos incendiaron las columnatas, aunque fue un soldado romano quien, contraviniendo el deseo del comandante romano Tito, incendió el templo.

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