Arresto y juicio

Detención

“Y mientras todavía hablaba, ¡mire!, vino Judas, uno de los doce, y con él una gran muchedumbre con espadas y garrotes, de parte de los sacerdotes principales y de los ancianos del pueblo” (Mateo 26:47-27:31).Nueva imagen (33)

“Judas tomó a la banda de soldados y a los oficiales de los sacerdotes principales y de los fariseos y llegó allí con antorchas y lámparas y armas” (Juan 18:3-19:16).

“Entonces Jesús dijo a los sacerdotes principales y a los capitanes del templo y a los ancianos que habían venido allí por él: “¿Salieron con espadas y garrotes como contra un salteador? Mientras estaba con ustedes día tras día en el templo no extendieron las manos contra mí. Pero esta es su hora y la autoridad de la oscuridad”” (Lucas 22:47-23:31).

La guardia del templo sólo tenía jurisdicción en el templo y sus anexos.

Fueron asistidos por un destacamento de soldados romanos armados con sus espadas procedente de las tropas de Antonia, con el respaldo de algún centurión o incluso del propio Pilato.

Los que le detuvieron formaban parte de la guardia del templo, un gran cuerpo encargado de la custodia de los edificios y terrenos del templo, especialmente con ocasión de las festividades nacionales.

Arresto ilegal

Para que este fuera legal, tenían que presentarse dos testigos ante el tribunal acusándolo de un delito específico.

En la Palestina del primer siglo, quien creyera que se había violado una ley tenía que formular los cargos ante un tribunal en sus sesiones regulares. Los tribunales no actuaban de fiscales, sino que se limitaban a investigar las acusaciones. Los únicos fiscales eran los testigos del supuesto delito. El proceso se abría solo cuando concordaban las declaraciones de un mínimo de dos testigos, cuyo testimonio constituía el cargo y conducía al arresto (Deuteronomio 19:15).

En el caso de Jesús, las autoridades judías “buscaron de qué manera les sería eficaz deshacerse de él”. Así pues, pensaron que “una buena oportunidad” para arrestarlo “sin que estuviera presente una muchedumbre” sería de noche (Lucas 22:2, 5, 6, 53).image

Cuando arrestaron a Jesús, nadie había imputado cargos en su contra.

  • No fue sino hasta que lo detuvieron que los sacerdotes y el Sanedrín —el tribunal supremo judío— se pusieron a buscar testigos, pero ni siquiera hallaron dos que concordaran en su testimonio (Mateo 26:59).
  • No le correspondía al tribunal buscar testigos. “Celebrar un juicio capital sin especificar con antelación el delito que se le imputa al acusado es una verdadera atrocidad”.

Interrogatorio en casa de Anás

“Y el sacerdote principal interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y acerca de su enseñanza”.

Jesús le contestó: “Yo he hablado públicamente al mundo. Siempre enseñé en una sinagoga y en el templo, donde concurren todos los judíos; y no hablé nada en secreto. ¿Por qué me interrogas? Interroga a los que han oído lo que les hablé. ¡Mira! Estos saben lo que dije”.

Después que hubo dicho estas cosas, uno de los oficiales que estaba de pie allí cerca le dio a Jesús una bofetada y dijo: “¿Así contestas al sacerdote principal?”. Jesús le contestó: “Si hablé mal, da testimonio respecto al mal; pero si bien, ¿por qué me pegas?”.

Entonces Anás lo envió atado a Caifás el sumo sacerdote”. (Juan 18:19-24)

La turba que arrestó a Jesús lo llevó a la casa de Anás, quien había sido sumo sacerdote. Anás comenzó a interrogarlo (Lucas 22:54; Juan 18:12, 13). Jesus y ultimas horas (93)

Además, cualquier investigación tenía que hacerse en audiencia pública, no a puertas cerradas. (Juan 18:21).

  • Pero el de Jesús se celebró en secreto. A nadie se le permitió siquiera intentar decir algo a su favor. Tampoco se comprobó si era el Mesías, como afirmaba ser, ni se le dio la oportunidad de presentar testigos en su defensa. Además, el jurado nunca emitió un veredicto oficial.

Eran los testigos —no el acusado— quienes se suponía que declararan.

  • Un juez honrado hubiera seguido el procedimiento correcto, pero esa no era la intención de Anás.

Uno de los oficiales le dio una bofetada (Lucas 22:63; Juan 18:22).

  • La ley sobre las ciudades de refugio (Números 25) señala que el acusado tenía derecho a ser protegido mientras no se le declarara culpable. Jesús merecía tal protección.
  • El que un oficial abofeteara a Jesús durante la audiencia ante Anás, era “un acto de brutalidad que la jurisprudencia hebrea no toleraba… era un ultraje al sentido hebreo de la justicia y de la humanidad

Casa de CaifásJesus y ultimas horas (118)

“Entonces condujeron a Jesús al sumo sacerdote, y se reunieron todos los sacerdotes principales y los ancianos y los escribas. Mientras tanto, los sacerdotes principales y todo el Sanedrín buscaban testimonio contra Jesús para darle muerte, pero no hallaban ninguno. Muchos, en realidad, testificaban falsamente contra él, pero sus testimonios no estaban de acuerdo. También, algunos se levantaban y daban falso testimonio contra él, diciendo: “Nosotros le oímos decir: ‘Yo derribaré este templo que fue hecho de manos y en tres días edificaré otro, no hecho de manos’”. Pero tampoco sobre esta base estaba de acuerdo su testimonio”. Marcos 14:53-59)

Nota: Mientras todo esto ocurría Pedro estaba en el patio de la casa del Sumo Sacerdote, Caifás, para saber que sucedía. Hacía frío y el y otros se calentaban con un fuego. (Juan 18; 15,16,18 ; Lucas 22:55)

Luego, sus captores lo condujeron a la casa del sumo sacerdote Caifás (Lucas 22:54; Juan 18:24)

Allí, por encima de los principios de justicia, los sacerdotes “buscaron testimonio falso contra Jesús a fin de darle muerte”, aunque ninguno de los testigos concordó en cuanto a lo que Jesús había dicho (Mateo 26:59; Marcos 14:56-59).

De modo que Caifás lo instigó a hacer algo que lo inculpara preguntándole: “¿No respondes nada? ¿Qué es lo que estos testifican contra ti?” (Marcos 14:60).

“Plantearle preguntas al acusado y condenarlo en función de su respuesta constituyó una violación de la justicia formal”.

En las audiencias previas ante Anás y Caifás se esperaba que el propio Jesús se auto-incriminara, proveyendo la evidencia que lo declarara culpable ante el tribunal judío.

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Los juicios en sábado

Cuando se trataba de un caso capital, se podía produ­cir sentencia absolutoria en el mismo día, pero si había sentencia de muerte, debía diferirse hasta el día siguiente en previsión de que durante aquel período pudiera descubrirse algún argumento en fa­vor del acusado

No se per­mitía que un tribunal se reuniera en sesión durante el sábado semanal, ni durante una fiesta sabática.

  • Una de las razones es que no era lícito escribir en sábado o en cualquier día santo, y ningún tribunal podía ac­tuar sin que los escribas registraran por escrito el procedimiento. “El tribunal no puede reunirse en sá­bado, ni en ningún día santo”, dice la ley del Tal­mud.

Debido a ello el enjuiciamiento de un caso ca­pital nunca podía iniciarse el día que precedía al sá­bado, ya que en caso de condena debía producirse una segunda vista al día siguiente.

  • “No se juzgará la víspera del sábado, ni en la de ninguna fiesta”.

Nocturnidad y alevosíaimage

Lo mismo que los romanos, los judíos rechazaban todo procedimiento legal en horas nocturnas.

  • La razón principal que sustentaba esa regla era que las sesiones nocturnas favorecerían los juicios secretos, que estaban prohibidos.
  • La justicia ha exigido siem­pre una audiencia pública para el acusado, a fin de evitar la conspiración.

“Ningu­na sesión judicial podía tener lugar antes del ofreci­miento del sacrificio de la mañana”.

  • “Dado que el sacrificio de la mañana se ofrecía al amanecer, era casi imposible que el sanedrín se reuniera hasta una hora después de ese tiempo”.
  • El motivo era que no se consideraba a ningún hombre competente para juzgar, hasta tanto que no se hubieran ofrecido el sacrificio y oraciones al gran Juez del cielo.
  • Eso hacía imposible todo proceso judicial en la noche. Los procesos judiciales de Jesús tuvieron lugar en su totalidad tras la puesta de sol, y por lo tanto, antes del sacrificio matutino.

Protección en el juicio

La ley hebrea no permitía la existencia de abogados defensores.

  • Eran los jueces quienes tenían el deber de defender al acusado y garantizar que se le hiciera justicia.

A fin de proporcionar al proceso el necesario elemento de la misericordia, el acusado había de tener al menos a uno los jueces que hablara en su defensa.

  • Si el veredicto de condenación se obtenía por unanimidad, quedaba patente que el prisionero no había tenido quien lo defendiera en el tribunal.
  • Esto hacía que se levantaran sospechas de conspiración. Denotaba la falta del elemento de la misericordia, de obligada presencia en todo proceso judicial hebreo.

Completa omisión de la ley

Comenzando con su arresto en el Getsemaní y terminando con la sentencia de muerte decretada por el gran sanedrín, la totalidad del proceso contra Jesús fue ilegal por más de una veintena de conside­raciones diferentes.

En relación con su arresto se co­metieron tres ilegalidades, y otras cuatro durante las audiencias preliminares ante Anás y Caifás.

Tuvo lu­gar una más cuando Jesús fue entregado para ser maltratado por la turba excitada, antes de su juicio y condenación finales.

Todo el proceso crimi­nal del código mosaico descansa sobre cuatro princi­pios:

  • La certeza de la acusación
  • El carácter público de la discusión
  • La concesión de plena libertad al acusado
  • La existencia de garantías contra todos los peligros o errores en el testimonio

A ningún acusador se le permitía cambiar la acusa­ción dentro del proceso judicial, en razón de su im­potencia para demostrar la veracidad de la misma.

  • Cuando los falsos testigos fracasaron en sustentar la acusación de sedición, Jesús debiera haber sido puesto en libertad, y el caso debiera haberse dado por concluido.
  • Pero en lugar de eso, el juez que pre­sidía cambió súbitamente la acusación por otra nue­va, la de blasfemia.

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Ante el Sumo Sacerdote

“El sumo sacerdote le dijo: “¡Por el Dios vivo te pongo bajo juramento de que nos digas si tú eres el Cristo el Hijo de Dios!”.

Jesús le dijo: “Tú mismo [lo] dijiste. Sin embargo, digo a ustedes: De aquí en adelante verán al Hijo del hombre sentado a la diestra del poder y viniendo sobre las nubes del cielo”.

Entonces el sumo sacerdote rasgó sus prendas de vestir exteriores, y dijo: “¡Ha blasfemado! ¿Qué más necesidad tenemos de testigos? ¡Miren! Ahora han oído la blasfemia. ¿Qué opinan?”.

Dijeron en respuesta: “Expuesto está a muerte”. Entonces le escupieron en el rostro y le dieron de puñetazos. Otros le dieron de bofetadas, diciendo: “Profetízanos, Cristo. ¿Quién es el que te hirió?”. (Mateo 26:63-68)

Jesús sabía cuando debía de hablar

Ya se había acordado la condenación, antes del juicio.

Jesús lo sabía, y no quiso replicar a lo que se avanzó en primera instancia, estando de acuerdo y admitiéndolo sin reservas, dado que en su base material era cierto.

  • Cuando se le dirigió una acusación falsa e injusta, se mantuvo en silencio, pero respondió cuando no había evidencia, ni siquiera falsa, que le constriñera a hablar.
  • Conducta ciertamente original y sublime, de parte de un prisionero en el “banquillo de los acusados”.

Permanecer en silencio ante la pregunta directa de si era el Mesías, habría significado una ventaja para Jesús ante sus jueces.

  • Su silencio habría sido legalmente lícito, puesto que ningún acusado tenía obligación de decir o hacer algo que perjudicara su causa.
  • Pero el silencio en una ocasión tal habría sido una negación de su identidad y misión.

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Rasgarse las vestiduras

El hecho de rasgar sus vestiduras no sólo descalificaba a Caifás como juez, sino que hacía recaer sobre su propia cabeza la sentencia que quería imponer a Jesús. Nueva imagen (135)

  • La ley mosaica ordenaba al sumo sacerdote: “No descubráis vuestras cabezas”, y si rasgaba sus sagradas vestiduras, incurría en pena de muerte (Lev. 21:10; 10:6).
  • Las vestiduras oficiales del sumo sacerdote no eran solamente simbólicas de su oficio sagrado, en el que era un tipo del Mesías, sino que representaban también la justicia imputada e impartida del Hijo de Dios
  • En su esfuerzo por mostrar su horror e indignación debidos a la confesión de Jesús, Caifás se declaró a sí mismo culpable de muerte, y por lo tanto absolutamente descalificado para presidir el sanedrín.

Las votaciones de un juicio

En un caso criminal los jueces debían votar uno después de otro, comenzando por el más joven.

  • A fin de evitar que los miembros más jóvenes del sanedrín resultaran influenciados por los puntos de vista o argumentos de sus colegas más maduros y experimentados.
  • Cada cual debía, en su debido turno, emitir su voto y exponer entonces la razón de su decisión.

Tanto los votos como las razones que los motivaban debían quedar registrados por los escribas.

Pero por lo declarado en Mateo 26:66 y Marcos 14:64, es evidente que Jesús fue condenado por aclamación.

Desarrollo de un juicio

No se permitía ningún dicho en su contra, hasta que al menos uno de los jueces hubiera hablado en favor de él.

En caso de un proceso capital que se resolviera de forma condenatoria, no se podía pronunciar sentencia sino hasta la tarde del segundo día.

  • Después de la primera condenación, los jueces abandonaban la estancia de la roca esculpida y se reunían en grupos de cinco o seis para comentar el caso.image
  • Después de la puesta del sol se buscaban unos a otros para considerar una vez más el caso, y para orar en procura de la guía divina. El día siguiente había de ser de ayuno y oración; no se debía comer hasta tanto el caso hubiera quedado decidido.
  • Tras el sacrificio de la mañana los jueces se volvían a reunir y examinaban detalladamente la evidencia.

Se permitía que los jueces cambiaran su voto en favor del acusado, pero nunca en su contra.

El sanedrín deliberaba todo el día hasta casi la puesta del sol, momento en el que se tomaba por fin el voto.

  • Si una vez más se declaraba culpable al acusado, los testigos lo conducían a la ejecución mientras que el sanedrín permanecía en sesión.

Llevado al Sanedrín

Al fin, cuando se hizo de día, se reunió la asamblea de los ancianos del pueblo, tanto los sacerdotes principales como los escribas, y estos lo llevaron dentro de la sala de su Sanedrín, y dijeron: “Si eres el Cristo, dínoslo”.

Pero él les dijo: “Aunque se lo dijera, de ningún modo lo creerían. Además, si los interrogara, de ningún modo contestarían. Sin embargo, desde ahora en adelante el Hijo del hombre estará sentado a la poderosa diestra de Dios”.

Con esto, todos dijeron: “¿Eres tú, por lo tanto, el Hijo de Dios?”. Él les dijo: “Ustedes mismos dicen que lo soy”.

Ellos dijeron: “¿Por qué necesitamos más testimonio? Pues nosotros mismos [lo] hemos oído de su propia boca”.

De modo que la multitud de ellos se levantó, toda, y lo condujeron a Pilato. (Lucas 22:66-23:1)

Tribunal judío

Ningún tribunal hebreo podía constar de un solo juez .

  • Tres era el número de los componentes de un tribunal de orden inferior; entre tres y veinte si se trataba del orden inmediatamente superior; y setenta y uno en el caso del gran sanedrín en Jerusalén.
  • Una sola inteligencia aplicada a la tarea de juzgar, habría sido considerada como una usurpación de las prerrogativas divinas.

La jurisprudencia hebrea no hacía provisión de abogado defensor, ni tampoco acusador.

  • Los jueces eran los abogados defensores, y los testigos quienes acusaban. “Los únicos acusadores que conocía la jurisprudencia criminal del Talmud, eran los propios testigos del crimen.
  • Era su obligación poner el hecho en conocimiento del tribunal, y testificar en contra del criminal. En el caso de aplicarse la pena capital, eran también los encargados de ejecutarla.

El testimonio aportado por los testigos debía concordar en todo lo esencial; de lo contrario no era tenido en cuenta.

  • La ley hebrea no admitía evidencia circunstancial en un caso criminal. De igual forma se rechazaba la evidencia basada en habladurías.
  • La ley hebrea trataba con severidad el falso testimonio. Disponía que el testigo falso sufriera la penalidad prescrita por la comisión del crimen que estaba procurando imputar al acusado mediante su testimonio.

Los jueces se inclinaban siempre del lado del defensor, y le concedían la ventaja de toda posible duda.

  • Había cuatro reglas fundamentales de procedimiento aplicables a los casos criminales, a fin de salvaguardar la justicia: “que la acusación fuera estricta, que existiera una discusión pública, que el acusado tuviera garantizada su plena libertad y que se diera la seguridad contra todos los peligros y errores en el testimonio.
  • La máxima judía de que el sanedrín tenía que salvar vidas, y no destruirlas.

Un trato infameimage

El testimonio en contra de Jesús era tan manifiestamente contradictorio y falso, que no había más remedio que desestimarlo.

La única esperanza de los enemigos de Jesús para lograr la ansiada condenación, era cambiar la acusa­ción de sedición por la de blasfemia.

  • El gobierno he­breo tenía la consideración de teocracia, siendo Jehová su auténtico rey y soberano.
  • Debido a ello, la blasfemia se consideraba como una forma de trai­ción, siendo la muerte por lapidación su pena corres­pondiente.
  • Era una de las ofensas más graves para los judíos.

Violadores de la Ley

Los jueces de Cristo no sólo violaron la ley al tomar el lugar de los testigos, convirtiéndose en acusadores, sino también al extraer una confesión de Jesús, para emplearla luego en contra de él.

  • “Es un principio fundamental, el de que nadie pueda perjudicarse a sí mismo. Si alguien se acusa a sí mismo ante un tribunal, no debemos creerle a menos que el hecho sea atestiguado por dos testigos diferentes a él mismo”.

Durante el intervalo entre las sesiones del sanedrín, Jesús fue devuelto a la tur­ba para que lo atormentara y persiguiera (Mar. 14:65; Luc. 22:63-65).

  • Escupir en el rostro de al­guien era para los judíos la máxima expresión de desprecio.

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Juicio en La Pascua

El juicio y ejecución de Jesús no sólo tuvieron lugar el día de la “preparación” del sábado semanal, sino también el día que precedía al sábado de Pascua.

Dado que coincidían el sábado semanal y el sábado de Pascua, se lo llamaba “el gran día” (Juan 19:31).

Así pues, el proceso judicial en contra de Jesús fue doblemente ilegal a ese respecto.

Protocolo de una condena

Un hombre que llevaba una bandera roja se situaba a la puerta del recinto, y otro montado a caballo seguía a la procesión, llevando también una bandera roja.

Este último proclamaba ante la atenta multitud que si alguien conocía alguna evidencia a favor del prisionero debía venir y declararla.

Si alguien aportaba alguna nueva evidencia, se detenía la procesión y se hacía ondear la bandera para anunciar a la guardia situada junto a las puertas del recinto que el prisionero era conducido de nuevo al sanedrín para ser sometido a un nuevo proceso.

Por otra parte, si mientras se llevaba al prisionero al lugar de la ejecución una persona acudía al lugar de reunión del sanedrín con nueva evidencia favorable al acusado, el hombre apostado a la puerta del recinto hacía ondear su bandera roja haciendo que la procesión se detuviera, y los testigos traían de regreso al prisionero para una nueva audiencia.

Juicio a ‘sangre inocente’image

La sentencia de muerte debía pronunciarse en un lugar concreto escogido por Dios.

Los judíos eligieron para ese propósito un departamento del templo conocido como “el salón de Fazith”, o “el salón de la piedra tallada”.

Fuera de esa sala de juicio no se podía desarrollar ningún procedimiento judicial criminal ni se podía pronunciar ninguna sentencia capital.

Jesús fue juzgado y condenado en el palacio de Caifás, en el monte Sión, y no en la sala de la piedra tallada.

Judas

Cuando Judas devolvió el dinero del soborno y confesó públicamente que había “pecado entregando la sangre inocente”, quedó en evidencia la culpabilidad de los jueces de Jesús (Mat. 27:1-6).

Judas había sido testigo de las maquinaciones contra Jesús, y la injusticia del trato que recibió Jesús fue tan manifiesta y tan flagrante que la propia conciencia de Judas resultó sacudida por el sentimiento de culpa.

Él sabía que Jesús era inocente, y la sentencia final de muerte por aclamación unánime fue más de lo que él podía soportar.

El juicio debía ser imparcial

Bajo ninguna circunstancia se permitía que un hombre que se supiera en enemistad contra el acusado, figurara entre sus jueces

“Ni debe haber en el tribunal de juicio nadie que esté relacionado, ningún amigo particular, o enemigo, sea del acusado o del acusador”.

Durante los seis meses previos a su proceso judicial habían tenido lugar al menos tres reuniones del sanedrín para planear la muerte de Jesús.

  • La primera está registrada en Juan 7:37-53. Fue en aquella ocasión cuando Nicodemo habló en defensa de Cristo y clamó por justicia.
  • La segunda tuvo lugar sólo unas pocas semanas antes del juicio, y la encontramos en Juan 11:41-53. Fue desencadenada por la resurrección de Lázaro, que tan honda impresión había causado en el pueblo.
  • La tercera reunión del sanedrín para planificar la muerte de Cristo tuvo lugar inmediatamente antes de la Pascua, y se encuentra en Luc. 22:1-3.

La enemistad de los jueces quedó también demostrada por el soborno de Judas y de los testigos falsos. Jesús había sido ya condenado y sentenciado a muerte, antes de que comenzara su proceso judicial.

Jueces corruptosimage

Algunos motivos de la amarga enemistad contra él;

  1. Muchos de los jueces de Jesús eran, no sólo degenerados y de carácter corrupto, sino que habían comprado sus puestos en el sanedrín a fin de mercadear con sus oficios.
  2. De hecho, algunos de ellos se habían enriquecido con esas artes. Eso era especialmente cierto con la familia del sumo sacerdote. Anás, Caifás y sus amigos eran los propietarios de los establos, casetas y bazares relacionados con el templo, cuya explotación constituía un negocio por demás lucrativo.
  3. Sólo las ganancias procedentes de la venta de corderos y palomas empleados en los sacrificios, eran ya de enorme cuantía.
  4. Cuando Jesús los denunció por convertir la casa de su Padre en “casa de mercado” y en “cueva de ladrones”, y cuando en dos ocasiones diferentes limpió el templo de aquel comercio impuro, no solamente hirió el orgullo y dignidad de Anás y Caifás, sino que infligió un duro golpe a su lucrativo negocio.

Una farsa de juicio

En caso de condena, la ley hebrea exigía dos se­siones del sanedrín separadas un día la una de la otra.

  • No es sino hasta la tarde del segundo día, cuan­do podía darse el decreto final de muerte y ejecutarse la sentencia.

Sin embargo tuvieron lugar dos sesiones del sanedrín la misma noche de la condena­ción de Cristo.

La primera tuvo lugar muy pronto por la mañana, antes del amanecer, estando presentes sólo una parte de los miembros, presumiblemente un quórum formado por los más acérrimos enemigos de Jesús.

  • Habían permanecido toda la noche junto a Caifás, en su ansia por deshacerse del Nazareno.

La segunda sesión tuvo lugar hacia la puesta de sol, “con los ancianos, y con los escribas, y con todo el concilio”.

  • La reunión matinal fue sin duda un intento de dar al proceso una apariencia de legitimidad y re­gularidad, como si se ajustase a la normativa de la ley hebrea relativa a la necesidad de un mínimo de dos audiencias.
  • No obstante, estas tuvieron lugar el mismo día, y estuvieron separadas solamente unas horas, lo que indica que se trató de un mero subterfugio.

Cuando consideramos la temeridad con la que los jueces de Jesús pisotearon los preceptos de la ley hebrea, es dudoso que estuvie­ran preocupados por la legalidad del proceso.

Principios de legalidad en un juicioimage

  1. Los jueces hacían todo lo posible por evitar la pena de muerte al acusado.
  2. Los jueces podían pelear a favor del acusado pero no en su contra.
  3. Se advertía a los testigos sobre la seriedad de su cometido.
  4. No se interrogaba a un testigo ante la presencia de otro, sino por separado.
  5. El testimonio tenía que concordar en todos los datos esenciales del acto imputado (fecha, lugar, hora, etc.)
  6. Los asuntos con posible pena de muerte se debían juzgar de día y concluir de día.
  7. Los procesos de pena capital no podían celebrarse en la víspera de un sábado o de una fiesta.
  8. Los casos que implicaban la pena capital debían comenzar y terminar el mismo día si el veredicto era a favor del acusado; pero si era en su contra, concluía al día siguiente, cuando se anunciaba el veredicto y se ejecutaba la sentencia.
  9. Un mínimo de veintitrés jueces atendían estos casos.
  10. Comenzando por el de menor antigüedad, los jueces votaban uno a uno por la absolución o la condena; los escribas anotaban las alegaciones tanto a favor de la absolución como a favor de la condena.
  11. Se requería un voto de diferencia para absolver al acusado pero dos votos de diferencia para condenarlo; si la mayoría ganaba por un solo voto a favor de la condena, se añadían dos jueces, tantas veces como fuera necesario, hasta que se llegara a una decisión legalmente válida.
  12. Si no había al menos un juez a favor del acusado, el veredicto de culpabilidad no era válido; un veredicto unánime de condena se consideraba “indicio de conspiración”.

Su juicio fue un magnicidio

El objetivo primordial del sistema judicial hebreo era hacer imposible que fuera condenado un inocente.

Todo el ingenio de los legisladores judíos estaba volcado en la consecución de ese fin.

Jesús fue condenado a muerte por su propia declaración de ser el Mesías.

  • Puesto que todos los jueces de Jesús estaban esperando la venida del Mesías por aquel tiempo, era su deber examinar la afirmación de Jesús a la luz de las Escrituras y a la de las obras que realizaba.

Mientras era arrastrado con toda la parafernalia de ofensa y violencia propias de un malhechor, Jesucristo pronunció las últimas palabras de verdad y alabanza a Jehová.

Fue uno de los mayores y más memorables actos de injusticia.

Secuencias de una injusticia

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Irregularidades del juicio

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Judas se ahorca

“Entonces Judas, que lo había traicionado, viendo que [Jesús] había sido condenado, sintió remordimiento, y devolvió las treinta piezas de plata a los sacerdotes principales y a los ancianos, diciendo: “Pequé cuando traicioné sangre justa”.

Ellos dijeron: “¿Qué nos importa? ¡Tú tienes que atender a eso!”. De modo que él tiró las piezas de plata en el templo y se retiró, y se fue y se ahorcó. Mas los sacerdotes principales tomaron las piezas de plata y dijeron: “No es lícito echarlas en la tesorería sagrada, porque son el precio de sangre”.

Después de consultar entre sí, compraron con ellas el campo del alfarero para sepultar a los extraños. Por eso se ha llamado aquel campo “Campo de Sangre” hasta el día de hoy. Entonces se cumplió lo que se habló mediante Jeremías el profeta, que dijo: “Y tomaron las treinta piezas de plata, el precio del hombre que estaba a precio, aquel a quien pusieron precio algunos de los hijos de Israel, y las dieron para el campo del alfarero, según lo que me había mandado Jehová” (Mateo 26:3-10).

Nota: Judas abordó este asunto mientas la muchedumbre llevaba a Jesús a Pilato.

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Un comentario el “Arresto y juicio

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