Calzadas y posadas romanas

Calzadas romanas

La calzada romana vertebraba todo el Imperio

El ejército la utilizaba para movilizar grandes efectivos con una rapidez nunca vista hasta entonces.

En el aspecto económico desempeñó un papel fundamental, ya que el transporte de mercancías se agilizó notablemente.

Las calzadas también tuvieron gran influencia en la difusión de la nueva cultura y en extender por todo el Imperio la romanización.

La Vía Apia fue una de las más importantes calzadas del imperio, que unía Roma con Brindisi, el puerto comercial más importante que unía el Mediterráneo Oriental y Oriente Medio.

Cristianos del primer siglo, como el apóstol Pablo las utilizaban para desplazarse por los territorios asignados para efectuar el ministerio y visitar las congregaciones.

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Posadas romanas

Las posadas eran áreas de descanso en los mismos márgenes del camino que solían establecerse cada 30 km.

Las más sencillas eran las llamadas mutationes y en ellas los viajeros podían comer, dormir y cambiar las caballerías. Los clientes más habituales de estas instalaciones eran los oficiales del servicio postal, que acudían a ellas para descansar.

También se levantaron establecimientos de mayor importancia denominados mansiones. Estos lugares estaban reservados casi exclusivamente al alojamiento de autoridades, oficiales, jefes del ejercito y altos funcionarios de la administración.

Con el paso del tiempo algunos de estos emplazamientos fueron derivando hasta convertirse en hospitales de peregrinos, posadas y ventas.

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Jesucristo hizo referencia a una de estas posadas en su parábola del ‘Buen samaritano’ (Lucas 10:30-37)

La Plaza del mercado de Apio Mercado situado a 74 Km. al SE. de Roma era una parada bien conocida de la Via Appia.

Dado que era el punto acostumbrado en el que los viajeros hacían un alto después imagede un día de camino desde Roma, esta estación de postas llegó a ser un activo centro comercial.

La Plaza del Mercado de Apio era conocido como un lugar “lleno de marineros, negociantes y rufianes”.

Fue en este cruce bullicioso donde el apóstol Pablo, cuando viajaba de Puteoli a Roma como prisionero, se encontró por primera vez con los hermanos cristianos que, al oír las nuevas de su llegada, habían ido desde Roma a su encuentro. Parte de la delegación esperó en las Tres Tabernas (unos 15 Km. más cerca de Roma), mientras que el resto prosiguió hasta la Plaza del Mercado de Apio. (Hechos 28:15.)

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