Decadencia de Israel

La Biblia es un tesoro, más allá de su contenido histórico. Nos permite comprender el propósito de Dios y su desarrollo a través de la historia. Israel sirvió de banco de pruebas y estableció los parámetros de cual es la voluntad del Creador y porqué hace las cosas de cierta manera.

Durante siglos Israel fue el pueblo escogido de Dios. Estos habían tenido como centro de adoración al Dios Jehová y su templo en Jerusalén. ¿Qué sucedió para que aquella situación cambiara?

En su vejez, Salomón abandonó los caminos de su padre David y comenzó a seguir a otros dioses (la Biblia explica que fueron sus mujeres, en su mayoría no israelitas, las que le apartaron de continuar sirviendo al Todopoderoso). Pero serían sus hijos los que darían comienzo a un largo periodo de oscuridad moral y espiritual que desencadenaría en la división del reino y finalmente la destrucción a manos de enemigos del pueblo de Dios.

Los sucesos que marcaron este final trágico ponen en evidencia la gravedad y seriedad con la que El Creador ve estas cosas. Su infamia fue de tal magnitud que arrastrarían el resto de la historia las consecuencias de todos aquellos actos. Esta parte trata en profundidad dichos sucesos.

Nota importante; Ha sido difícil conseguir imágenes de este periodo que permitan visualizar cómo era. Por lo que este trabajo centra su atención en la historia mencionada en la Biblia e historiadores.

Reyes y Profetas del periodo

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Condición moral y espiritual

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Espiritismo

Todo parece indicar que la astrología nació en la antigua Babilonia, pues allí se adoraba a las estrellas y a las constelaciones.

Los israelitas comenzaron a practicar esta forma de culto cuando se alejaron de su Dios. Para el tiempo del rey Josías, la astrología se había extendido por todo Judá.

Dios había dejado claro lo que pensaba sobre este asunto, pues en la Ley mosaica se daba advertencia clara (Deuteronomio 17:2-5).

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Dios había promulgado leyes específicas en contra del espiritismo, sin embargo, los médium espiritistas aparecían de vez en cuando en la tierra de Israel. Quizás eran extranjeros que habían ido al país o personas a quienes los israelitas habían permitido convivir con ellos.

El rey Saúl los eliminó del país durante su reinado, pero para finales de su gobernación, volvieron a aparecer algunos médium espiritistas. Saúl demostró cuánto se había alejado de Dios al consultar en En-dor a una mujer que era perita en mediación espiritista’. (1 Samuel 28:3, 7-10.)

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Para los días del rey Manasés (716 – 661 A.E.C.) la astrología ya se había infiltrado en la adoración de los judíos.

“Así que volvió a construir los lugares altos que Ezequías su padre había destruido, y erigió altares a Baal e hizo un poste sagrado, tal como había hecho Acab el rey de Israel; y se puso a inclinarse ante todo el ejército de los cielos y a servirles”. (2 Reyes 21:3.)

Idolatría

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Al entrar en la Tierra Prometida, los israelitas dejaron de ser nómadas y muchos se convirtieron en agricultores. El cambio no se limitó a una posible adopción de los métodos agrícolas de las gentes del lugar. La relación con los cananeos también llevó a aceptar creencias paganas vinculadas con la agricultura y gradualmente empezaron a honrar a los dioses cananeos como dadores de abundancia.

Los cananeos adoraban a muchos Baales, deidades que, según se creía, proporcionaban fertilidad al suelo.

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En el éxodo, Jehová ordenó a los israelitas que tiraran “las cosas repugnantes” y “los ídolos estercolizos de Egipto”, pero hubo quienes no obedecieron este mandato y profanaron el nombre de Dios. (Ezequiel 20:6-9.)

Camino de la Tierra Prometida, Israel pasó por el territorio de naciones paganas y vio “las cosas repugnantes y los ídolos estercolizos de ellos, madera y piedra, plata y oro”. Se ordenó a los israelitas que tuvieran “asco en sumo grado” a esas imágenes religiosas como “cosa dada por entero a la destrucción”, y que no las introdujeran en sus casas. (Deuteronomio 29:16-18; 7:26.)

Los dioses y diosas falsos de las naciones, como Milcom, Mólek, Kemós y Astoret, eran ‘cosas repugnantes’ a los ojos de Dios. (1 Reyes 11:5, 7; 2 Reyes 23:13.)

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La Ley que Jehová le dio a su pueblo después de liberarlos de Egipto condenaba sin ambages las prácticas idolátricas tan extendidas en aquellos tiempos. image

El segundo de los Diez Mandamientos prohibía de manera expresa hacerse una imagen tallada para adoración o una representación de cualquier cosa que estuviese en los cielos, sobre la tierra o en las aguas. (Éxodo 20:4, 5; Deuteronomio 5:8, 9.)

En sus exhortaciones finales a los israelitas, Moisés recalcó la imposibilidad de hacer una imagen del Dios verdadero y les advirtió que se cuidasen del lazo de la idolatría. (Deuteronomio 4:15-19.)

Con el tiempo surgió una apostasía general. El pueblo empezó a adorar a deidades cananeas: Baal, Astoret y el poste sagrado o Aserá. (Jueces 2:11-19; 3:7)

La idolatría no llegó a practicarse abiertamente hasta la última parte del reinado de Salomón, hijo de David. El propio Salomón impulsó y aprobó la idolatría bajo la influencia de sus numerosas esposas extranjeras. image

Se edificaron lugares altos para Astoret, Kemós y Milcom o Mólek.

El pueblo en general sucumbió a la adoración falsa y empezó a inclinarse delante de esos ídolos de deidades. (1 Reyes 11:3-8, 33; 2 Reyes 23:13.

La adoración idolátrica del becerro y el culto a Baal, importado de Tiro durante el reinado de Acab, persistieron durante todos los días del reino de las diez tribus. (1 Reyes 16:30-33.)

El profeta Oseas escribió que Israel era “una vid que degenera”, una viña arruinada, inservible. “Ha multiplicado sus altares. […] El corazón de ellos se ha hecho hipócrita; ahora se les hallará culpables” (Oseas 10:1, 2; Isaías 57:6)

Dios había hecho un pacto con ellos, sin embargo, en vez de adorarlo a él, recogían piedras del lecho del río y las convertían en dioses. (Salmo 16:5; Habacuc 2:19).

Adoración de Baalimage

La fuerza que impulsaba el culto de Baal eran los ritos sexuales. Hasta los objetos religiosos como las columnas y los postes sagrados, tenían connotaciones eróticas.

Parece ser que dichas columnas —piedras labradas en forma de un símbolo fálico— representaban a Baal. Por otra parte, los postes sagrados eran objetos de madera o árboles que representaban a Aserá, la consorte de Baal, el elemento femenino (1 Reyes 18:19).

La prostitución en los templos y los sacrificios de niños también eran aspectos importantes del culto de Baal (1 Reyes 14:23, 24; 2 Crónicas 28:2, 3).

El libro The Bible and Archaeology dice: “En los templos de los cananeos había prostitutos y prostitutas (hombres y mujeres ‘sagrados’), y se practicaba toda clase de excesos sexuales. Creían que tales ritos de alguna manera hacían que prosperaran las cosechas y las manadas”

“Procedieron a tomar a las hijas de estos por esposas para sí, y dieron sus propias hijas a los hijos de ellos, y se pusieron a servir a sus dioses. De modo que los hijos de Israel hicieron lo que era malo a los ojos de Jehová, y fueron olvidándose de Jehová su Dios y se pusieron a servir a los Baales y a los postes sagrados” (Jueces. 3:5-7).

La amistad de los israelitas con los habitantes de aquella tierra los llevó a formar matrimonios mixtos y a cometer idolatría. Una vez establecidas dichas alianzas matrimoniales, disminuyó la probabilidad de que Israel expulsara a las naciones paganas. La adoración verdadera se corrompió, y los propios israelitas se pusieron a servir a dioses falsos, entre ellos a Baal.

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Comienzos de esta práctica

El primer rey del reino de diez tribus, Jeroboán, temía que sus súbditos se sublevasen y se volviesen a la casa de David si continuaban subiendo a Jerusalén para adorar, de modo que mandó que se hiciesen dos becerros de oro. (1 Reyes 12:26-28.)

Factores que contribuyeron

El registro bíblico no dice hasta qué grado influyeron en su decisión factores como la adoración de estos animales practicada antes en Israel, lo que él mismo había observado en Egipto (1 Reyes 12:2) o la religión de los cananeos y otros pueblos, que solían representar a sus dioses de pie sobre un toro u otros animales.

Colocó uno de los becerros en la ciudad de Dan, situada en el extremo septentrional del país, y el otro, en Betel, a unos 17 Km. al N. de Jerusalén, y les dijo a sus súbditos que era un esfuerzo demasiado grande ir a Jerusalén para adorar y que el becerro representaba al Dios que los había liberado de Egipto. (Éxodo 32:8.)

Como los sacerdotes de la tribu de Leví permanecieron fieles a la adoración de Jehová en Jerusalén, Jeroboán nombró sus propios sacerdotes para oficiar en la adoración falsa ante los dos becerros idolátricos de Dan y Betel. (2 Crónicas 11:13-15.)

También instituyó una fiesta parecida a la fiesta de las cabañas, que celebraban un mes después de la de Jerusalén. (1 Reyes 12:28-33; 2 Crónicas 13:8, 9; Levítico 23:39.)

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Culto al sexo

“Sobre un monte alto y elevado colocabas tu lecho; allá subías a ofrecer sacrificios. Tras las jambas de la puerta colocabas tu emblema [imagen fálica]; prescindiendo de mí, te desnudabas, subías al lecho y hacías sitio; sacabas partido de tus amantes, con los que te gustaba acostarte; mirando el falo [órgano masculino], fornicabas con ellos sin cesar”. (Isaías 57:7, 8, Nueva Biblia Española.)

Las mujeres se hacían imágenes de órganos sexuales masculinos y tenían relaciones con ellas, como leemos: “Hiciste figuras de hombres para prostituirte con ellos”. (Ezequiel 16:17, Versión Popular.) O como lo vierte la Nueva Biblia Española: “Con las que fornicabas”.

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Israel afirmaba servir a Jehová, pero al mismo tiempo practicaba aquellos antiguos ritos de adoración sexual. (2 Crónicas 33:17.

La Biblia dice que los israelitas “siguieron edificándose lugares altos y columnas sagradas y postes sagrados sobre toda colina alta y debajo de todo árbol frondoso.

Y hasta el prostituto de templo [nota; “hombres afeminados”] se hallaba en el país. Actuaron conforme a todas las cosas detestables de las naciones que Dios había expulsado…” (1 Reyes 14:23, 24.)

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Lugares altos

En la mayoría de los casos se refieren a cimas o a otros sitios al aire libre donde se practicaba la adoración falsa. A veces se colocaban en ciertos lugares altares, columnas sagradas y otros objetos religiosos para llevar a cabo prácticas que Dios condenaba (Núm. 33:52).

Eran los sitios donde los cananeos realizaban sus cultos paganos. En ocasiones eran plataformas construidas a la sombra de un árbol o dentro de una ciudad (1 Reyes 14:23; 2 Reyes 17:29; Ezequiel 6:3).

Solían contar con altares y columnas o postes sagrados, así como con imágenes, incensarios y otros utensilios para sus ritos.

Eran representaciones en madera de Aserá, la diosa cananea de la fertilidad. En Judá había muchos de tales lugares, pues 2 Reyes 23:5, 8 menciona “los lugares altos de las ciudades de Judá y en los alrededores de Jerusalén, […] desde Gueba [en el extremo norte] hasta Beer-seba [en el extremo sur]”.

En aquellos lugares altos, los israelitas ofrecían “humo de sacrificio a Baal, al sol y a la luna y a las constelaciones del zodíaco y a todo el ejército de los cielos”. Asimismo, mantenían residencias para “los prostitutos de templo […] en la casa de Jehová” y sacrificaban a sus hijos en “el fuego a Mólek” (2 Reyes 23:4-10).

Los arqueólogos han encontrado cientos de estatuillas de terracota en Jerusalén y Judá. La mayoría son representaciones de una mujer desnuda con senos de un tamaño exagerado. Los expertos señalan que se trata de Astoret y de Aserá, diosas de la fertilidad, y opinan que las estatuillas eran “talismanes para facilitar la concepción y el alumbramiento”.

El profesor Ephraim Stern, de la Universidad Hebrea, observó que muchos lugares altos probablemente estaban “dedicados a Yavé [Jehová]”, y así parecen indicarlo las impactantes inscripciones halladas en diversos sitios arqueológicos. Una de ellas dice: “Te he bendecido por [en el nombre de] Yavé de Samaria y por su aserá”, y en otra se lee: “Te bendigo por Yavé de Temán y por su aserá”.

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Postes sagrados

Israel y Judá pasaron por alto el mandato expreso de Dios de no erigir columnas sagradas y postes sagrados, y los colocaron sobre “toda colina alta y debajo de todo árbol frondoso” junto a los altares que usaban para sacrificios.

Solo en raras ocasiones hubo reyes, como Ezequías (y Josías), que ‘quitaron los lugares altos e hicieron pedazos las columnas sagradas y cortaron los postes sagrados’. (2 Reyes 18:4; 2 Crónicas 34:7.)

Se ha afirmado que los postes representaban la feminidad, mientras que las columnas representaban la masculinidad.

Estos objetos idolátricos, probablemente símbolos fálicos, guardaban relación con orgías sexuales, como lo indica el que ya desde el tiempo del reinado de Rehoboam hubiera prostitutos en el país. (1 Reyes 14:22-24; 2 Reyes 17:10.)

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Los textos de Ras Shamra identifican a esta diosa como la esposa del dios El, “Creador de las Criaturas”, y la llaman “señora Aserá del Mar” y “Progenitora de los Dioses”, lo que la convierte en madre de Baal.

Las funciones de las tres diosas prominentes del baalismo (Anat, Aserá y Astoret) debieron intercambiarse fácilmente, como se desprende de las fuentes extrabíblicas, así como del propio registro bíblico. Si bien Astoret figuraba como la esposa de Baal, es posible que a Aserá también se la considerase como tal.

El que esas deidades aparezcan en plural puede indicar que cada localidad tenía su Baal y su aserá. (Jueces 6:25.) Jezabel, la esposa sidonia de Acab, el rey de Israel, tenía 450 profetas de Baal y 400 profetas del poste sagrado o aserá que ‘comían a su mesa’. (1 Reyes 18:19.)

La degradada adoración de Aserá llegó a practicarse hasta en el mismísimo templo de Jehová. El rey Manasés hasta colocó allí una imagen tallada del poste sagrado, probablemente una representación de la diosa Aserá. (2 Reyes 21:7.)

En su cautiverio en Babilonia Manasés mostró arrepentimiento, pues cuando regresó a Jerusalén, limpió la casa de Jehová de objetos idolátricos. A pesar de eso, su hijo Amón reanudó el degradante culto a Baal y Aserá, que iba acompañado de prostitución ceremonial. (2 Crónicas 33:11-13, 15, 21-23.)

Eso obligó al justo rey Josías, sucesor de Amón, a derribar “las casas de los prostitutos de templo que estaban en la casa de Jehová, donde las mujeres tejían tiendas-capillas para el poste sagrado”. (2 Reyes 23:4-7.)

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Reina del cielo

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Las Escrituras no identifican de modo específico a la “reina de los cielos”. Hay quien opina que se trataba de Inanna, la diosa sumeria de la fertilidad, que en Babilonia recibía el nombre de Istar. El nombre Inanna significa literalmente “Reina del Cielo”, y los textos acadios llaman a Istar “reina de los cielos” y “reina de los cielos y las estrellas”.

Parece ser que el culto a Istar se extendió a otras naciones. En una de las tablillas de el-Amarna, dirigida a Amenhotep III, el autor, Tusratta, menciona a “Istar, dueña del cielo”.

En Egipto, una inscripción del rey Horemheb, quien se cree que reinó durante el siglo XIV a. E.C., menciona a “Astarté [Istar], señora del cielo”. Un fragmento de una estela hallado en Menfis que data del reinado de Merneptah, un monarca egipcio que, según se cree, reinó en el siglo XIII a. E.C., contiene una representación de Astarté junto con la inscripción: “Astarté, señora del cielo”. Durante el período persa, a Astarté se la conocía en Siene (la moderna Asuán) con el sobrenombre de “reina de los cielos”.

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Las mujeres, que tenían una participación destacada en esta adoración idolátrica, dijeron rápidamente que sus esposos habían aprobado sus votos y el culto a la “reina de los cielos” y que estaban determinadas a cumplir con sus votos a esta diosa.

De esa manera se justificaban, con el pretexto de actuar en armonía con la Ley respecto a los votos para las mujeres. (Números 30:10-15.)

Jeremías las acusó de actos desaforados por ser idolátricos. (Jeremías 44:19, 23-25; 2 Crónicas 6:16-18.)

Un comentario judío dice: “El culto de la ‘reina del cielo’ se efectuaba celosamente y en público”. Aunque parezca increíble, la nación de Judá estaba practicando la idolatría, adorando a una diosa pagana, posiblemente la diosa babilónica de la fertilidad, Istar, la tercera divinidad de la tríada astral de Babilonia. Si no era Istar, esta “reina” pudiera haber sido Astoret, la diosa cananea correspondiente. (1 Reyes 11:5, 33; Jeremías 7:16-18; 44:15, 19)

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Sacrificio de niños

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Su aversión por esta práctica era tal que Dios dijo: “Han puesto sus cosas repugnantes en la casa sobre la cual se ha llamado mi nombre, a fin de contaminarla. Y han edificado los lugares altos de Tófet, que está en el valle del hijo de Hinón, a fin de quemar a sus hijos y sus hijas en el fuego, cosa que yo no había mandado y que no había subido a mi corazón” (Jeremías 7:30, 31).

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El acto de ‘pasar por el fuego’ a los hijos ante Mólek era un ritual de purificación por medio del cual se dedicaban los hijos a dicha deidad (Deuteronomio 12:31; Salmo 106:37, 38.)

Aunque influido por sus esposas extranjeras, el rey Salomón edificó lugares altos a Mólek y a otras deidades, pero el sacrificio de niños no se menciona hasta el tiempo de Acaz. (1 Reyes 11:7, 8.)

El rey Acaz de Judá “procedió a quemar a sus hijos en el fuego”. (2 Crónicas 28:3.) 2 Reyes 16:3 dice: “E hizo pasar aun a su propio hijo por el fuego”. Estas palabras indican que ‘pasar por el fuego’ era, al menos algunas veces, sinónimo de sacrificar.

Acaz y Manasés son los únicos reyes de Judá de los que se dice que hicieronimage pasar a sus hijos por el fuego. Sin embargo, como ambos impulsaron la práctica del sacrificio de niños, parece ser que finalmente arraigó entre los israelitas en general. (2 Reyes 16:3; 21:6; Jeremías 7:31; 19:4, 5; 32:35; Ezequiel 20:26.)

Al menos en algunas ocasiones, no se quemaba vivos a los niños, sino que primero se les mataba. (Ezequiel 16:20, 21.)

El rey Josías profanó Tófet, el principal centro del culto a Mólek de Judá, con el fin de evitar que la gente hiciese pasar a sus hijos por el fuego. (2 Reyes 23:10-13.)

Pero con eso no se erradicó esta práctica de manera definitiva, pues Ezequiel, que comenzó a profetizar dieciséis años después de la muerte de Josías, menciona que seguía dándose en su tiempo. (Ezequiel 20:31.)

Parece que el Mólek al que se sacrificaban los niños tenía la forma de un hombre y la cabeza de un toro. Se dice que la imagen se calentaba al rojo vivo y luego se arrojaba a los niños a sus brazos extendidos para caer en el interior del horno llameante que había debajo. Este concepto se basa mayormente en la descripción que dio del dios cartaginés Crono, o Moloc, el historiador griego Diodoro Sículo, del siglo I a. E.C. (Biblioteca Histórica, XX, 14, 4-6.)

Valle de Hinón

El valle de Hinón era el lugar situado a las afueras de Jerusalén donde los israelitas apóstatas, entre ellos sus reyes Acaz y Manasés, participaron en el sacrificio de niños durante un período de tiempo considerable. Finalmente, el rey Josías lo inutilizó para el culto. (2 Reyes 23:10; 2 Crónicas 28:3; 33:6; Jeremías 7:31-33; 19:3-14; 32:35.)

Tófet probablemente ocupaba una sección del valle de Hinón cercana a la Puerta de los Tiestos. (Jeremías 19:2, 6, 14)

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La Jewish Encyclopedia de Funk y Wagnalls dice; “El sacrificio de hijos era un rasgo prominente de la adoración del fenicio Malik-Baal-Kronos”.

Originalmente los fenicios ocupaban las regiones costaneras al norte de Canaán. Como eran navegantes, establecieron colonias por todo el Mediterráneo, y dondequiera que iban llevaban consigo su rito detestable del sacrificio de hijos. Un hallazgo arqueológico en la antigua ciudad fenicia de Cartago ha arrojado más luz sobre la profunda depravación de esta práctica.

El sitio fue descubierto primero en 1921. Pero a partir de los años setenta se hizo una excavación intensiva debido a la expansión de la ciudad moderna hacia esa área. La excavación resultó en un inmenso cementerio de restos de niños sacrificados.

La publicación Biblical Archaeology Review informa: “Aquí, desde el siglo octavo a.E.C. hasta el siglo segundo a.E.C., padres y madres de Cartago enterraban los huesos de sus hijos sacrificados al dios Baal Hamón y a la diosa Tanit. Para el siglo cuarto a.E.C. el Tófet (del Tófet bíblico) quizás haya sido tan grande como de unos 6.000 metros cuadrados, con nueve niveles para enterrar”.

En el cementerio cartaginés, se encontraron numerosas marcas de piedra inscritas con figuras de la diosa Tanit, quien ha sido identificada con la diosa cananea Astoret, o Astarté, la esposa de Baal. Debajo de esas marcas se encontraron urnas de barro, algunas brillantemente decoradas, que contenían los huesos chamuscados de las víctimas sacrificadas.

Un informe dice: “Usando la densidad de las urnas en nuestra área excavada como modelo, calculamos que pueden haberse depositado allí tantas como 20.000 urnas entre los años 400 y 200 A.E.C.”image

Esta enorme cifra es más horrible aún cuando se toma en cuenta que Cartago, en su apogeo, tenía solamente unos 250.000 habitantes, señala el artículo.

Las inscripciones en los marcadores de piedra muestran que los hijos eran sacrificados para cumplir con los votos que sus padres hacían a Baal o Tanit a cambio de favores.

La práctica era más popular en la clase social más elevada, para invocar la bendición de los dioses y mantener su riqueza e influencia.

Algunas de las urnas contenían los restos de dos o tres niños, quizás de la misma familia, juzgando por las diferencias en la edad.

El sacrificio de niños se extendería a otras culturas

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En los tiempos de la dinastía Shang, existían tres tipos de sacrificios:

El foso; donde hombres jóvenes eran sacrificados, resembrados y enterrados sin sus posesiones materiales.

La fundación; donde se sacrificaban niños y bebés de forma violenta para luego enterrarlos sin nada.

La internación; donde niñas pequeñas eran sacrificadas para luego ser enterradas según el ritual tradicional.

Los celtas

El pueblo Celta también era conocido por utilizar sacrificios humanos en pos de la religión y guiados siempre por un Druida.

Los Cartagineses

Los Cartagineses realizaban sacrificios humanos por dos razones: ganar el favor de los dioses y controlar la población.

Ellos sacrificaban recién nacidos. Se cree que entre los años 800 a. E. C., y 146 a. E. C., esta civilización sacrificó a más de 20 mil bebés.

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Los Incas

La historia del Imperio Inca estuvo llena desastres naturales. Para evitar estos, se realizaban sacrificios humanos. Generalmente se sacrificaban prisioneros, pero también a niños que eran criados especialmente para este fin, ya que un chico sano era lo más puro que se podía ofrecer a los dioses. Los Incas, creían que estos pequeños, que recibían un excelente tratamiento y cuidados, irían a un lugar lleno de felicidad tras el sacrificio.

Los Mayas

Las víctimas de los sacrificios humanos que practicaban los antiguos mayas en México y que arrojaban a los cenotes, como se conoce a los lagos en cavernas subterráneas, eran en su mayoría niños y hombres jóvenes.

‘Cosas detestables’

Para Dios llegaron a ser “detestables” los sacrificios, etc. (Isaías 1:11-17.)

¿Por qué?

“¿Acaso se puede hurtar, asesinar y cometer adulterio y jurar en falso y hacer humo de sacrificio a Baal y andar tras otros dioses que ustedes no habían conocido…”. (Jeremías 7:9-11.)

Ni siquiera sintieron vergüenza ni se humillaron por sus actos detestables. (Jeremías 6:15; 8:12.)

El robo, el mentir, el adulterio, la idolatría o el asesinato eran ‘cosas detestables’. Una violación crasa de los mandamientos de Dios.

El fin de un pueblo escogido por Dios

Los diez mandamientos

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