Ejecución y muerte

Dirección al Gólgotha

“Al llevárselo de allí, echaron mano de Simón, cierto natural de Cirene, que venía del campo, y le pusieron encima el madero de tormento para que lo cargara detrás de Jesús. Pero le seguía una gran multitud del pueblo y de mujeres que se golpeaban en desconsuelo y le plañían. image

Jesús se volvió a las mujeres y dijo: “Hijas de Jerusalén, dejen de llorar por mí. Al contrario, lloren por ustedes mismas y por sus hijos; porque, ¡miren!, vienen días en que se dirá: ‘¡Felices son las estériles, y las matrices que no dieron a luz y los pechos que no dieron de mamar!’. Entonces comenzarán a decir a las montañas: ‘¡Caigan sobre nosotros!’, y a las colinas: ‘¡Cúbrannos!’. Porque si hacen estas cosas cuando el árbol está húmedo, ¿qué ocurrirá cuando esté marchito?”.

Pero también conducían a otros dos hombres, malhechores, para ser ejecutados con él. (Lucas 23:26-32)

Fue llevado al ‘matadero’

Así terminó el proceso judicial ante el pretorio. Pero la expresión proceso judicial no hace justicia a la cadena de acontecimientos desordenados, irregulares y extravagantes que caracterizaron todo el proceso desde aquella mañana temprano… Ahora Jesús era condenado.

No se puede decir que fuera juzgado, ya que: ¿Quiénes fueron sus jueces y cuándo lo juzgaron? No fue el sanedrín, pues carecía del poder para ello, y así lo reconocía.

Tampoco el magistrado romano en el pretorio, quien no oyó ni una sola evidencia probatoria, no buscó ni una sola prueba, no sopesó ni una sola petición, ni siguió una sola de las formalidades.

“Como un cordero [sería] llevado al matadero” (Isa. 53:7).

Condición crítica

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Distancia entre el palacio y Gólgotha

Desde el palacio del gobernador hasta el Gólgota podría haber unos 700 – 1.000 metros.

El madero podría pesar unos 50 kg. Pero Jesús estaba demasiado débil para llevarlo.

Por lo que tomaron a Simón, para que llevara lo llevara. Esto fue hecho porque si el condenado moría antes de la ejecución, el pretoriano era castigado con la misma suerte. Aún así Jesús caía continuamente.

Una vez allí, los verdugos le quitaron sus vestiduras, pero su túnica se habría pegado a las heridas, por lo que arrancarla es algo que provoca un dolor atroz.

Los soldados le arrojaron al suelo para clavarle al «patibulum», con lo que lograrían reabrir las heridas de los latigazos. El siguiente paso era insertar el madero -con la víctima clavada en él.

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En el Gólgotha

Era costumbre quitar a los prisioneros sus prendas de vestir y proveerles vino drogado con mirra. Parece que las mujeres de Jerusalén lo preparaban, y los romanos no negaban a los que son colgados en maderos esta bebida que embota los sentidos al dolor. Sin embargo, cuando Jesús lo probó, rehusó tomarlo. Jesús quería estar en pleno dominio de sus facultades durante esa prueba suprema que se imponía a su fe.

Ahora extienden a Jesús sobre el madero, con las manos por encima de la cabeza. Entonces, a martillazos, los soldados introducen grandes clavos en las manos y los pies de Jesús. Él se retuerce de dolor cuando los clavos atraviesan carne y ligamentos. Cuando levantan el madero, el dolor es insoportable, pues el peso del cuerpo desgarra las heridas causadas por los clavos. Pero en vez de amenazar a los soldados romanos, Jesús ora por ellos diciendo: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”.

Fijado en el maderoJesus y ultimas horas (72)

Para fijar al condenado al madero, los soldados romanos utilizaban clavos de 13 a 18 cm. de largo: para las extremidades superiores y para ambos pies.

En el caso de Jesús, el verdugo tomaba un clavo, lo apoyaba sobre la muñeca, y con un golpe seco de martillo lo clavaba y remachaba en la madera.

Con las muñecas clavadas al madero, y el cuerpo suspendido, la única forma de inhalar y exhalar aire sería elevando el cuerpo. En cada subida y bajada, las profundas heridas de la espalda de Jesús habrían rozado obligatoriamente con la madera áspera, con lo que, casi con toda seguridad, su espalda habría continuado desangrándose durante la cruel ejecución.

Los pies se fijaban con un solo clavo al madero. Normalmente, el clavo atravesaba el primero o segundo espacio intermetatarsiano, en el extremo distal de la articulación tarsometatarsal. Puede que el nervio profundo peroneal y alguna rama del medio y el plantar lateral hubiesen sido dañados por el clavo.

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Situación en el madero

Clavado en un poste, ejecutado de un modo que producía “una muerte lenta con el máximo dolor y sufrimiento”. El terrible martirio que debió de haber sufrido cuando le hincaron largos clavos en las manos y los pies (Juan 19:1, 16-18).

El indescriptible dolor que soportó cuando alzaron el madero y todo el peso de su cuerpo quedó suspendido de los clavos. Y Jesús soportó este despiadado tormento a la vez que llevaba sobre sí una pesada carga emocional.

Jesús está clavado en el madero sufriendo un dolor sumamente intenso. Es muy posible que para tomar aire tuviese que empujarse hacia arriba con los pies, lo que sin duda le provocaría un dolor terrible, pues el peso del cuerpo le desgarraba las heridas de los clavos en los pies y la madera le rozaba la espalda destrozada por los azotes.

El acto de hablar, que le exigía controlar la respiración, debió resultar muy difícil y penoso.

Prendas a suertes

Y cuando llegaron al lugar llamado Cráneo, allí los fijaron en maderos a él y a los malhechores, uno a su derecha y uno a su izquierda. Pero Jesús decía: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”. Además, para repartir sus prendas de vestir, echaron suertes. (Lucas 23 33,34)

Entonces, cuando los soldados hubieron fijado a Jesús en el madero, tomaron sus prendas de vestir exteriores e hicieron cuatro partes, para cada soldado una parte, y la prenda de vestir interior. Pero la prenda de vestir interior era sin costura, pues era tejida desde arriba toda ella. Por eso se dijeron unos a otros: “No la rasguemos, sino que por suertes sobre ella decidamos de quién será”. Esto fue para que se cumpliera la escritura: “Repartieron entre sí mis prendas de vestir exteriores, y sobre mi vestidura echaron suertes”. Y así los soldados realmente hicieron estas cosas. (Juan 19:23,24)

Las prendas de JesúsNueva imag2en

Los soldados tomaron las prendas de vestir exteriores de Jesús y las dividieron en cuatro partes. Echaron suertes para ver de quiénes serían. Sin embargo, la prenda de vestir interior no tenía costura, pues era de calidad superior. Por eso los soldados decían: “No la rasguemos, sino que por suertes sobre ella decidamos de quién será”. Así, se cumplió la Escritura dice: “Repartieron entre sí mis prendas de vestir exteriores, y sobre mi vestidura echaron suertes”.

Con el tiempo, uno de los salteadores se dio cuenta que Jesús en realidad iba a ser un rey. Por lo tanto, le dijo a su compañero con las palabras: “¿No temes tú a Dios de ninguna manera, ahora que estás en el mismo juicio? Y nosotros, en verdad, justamente, porque estamos recibiendo de lleno lo que merecemos por las cosas que hicimos; pero este no ha hecho nada indebido”. Entonces le dijo a Jesús y le rogó: “Acuérdate de mí cuando entres en tu reino”.

“Verdaderamente te digo hoy —contestó Jesús—: Estarás conmigo en el Paraíso.” (Mateo 27:33-44; Marcos 15:22-32; Lucas 23:27, 32-43; Juan 19:17-24.)

Prenda de vestir

La prenda de vestir interior solía ser una túnica de lino o de lana que llegaba hasta las rodillas o los tobillos. Normalmente, consistía en dos retazos cuadrados o rectangulares que se cosían por arriba y por los lados, dejando aberturas para la cabeza y los brazos.

También se confeccionaba otra clase de túnica más costosa. Consistía en “una sola pieza larga de tela doblada por la mitad, con un corte en medio para la cabeza”, señala el libro Jesus and His World (Jesús y su mundo).

Este tipo de túnica se cosía únicamente por los lados y luego se hacía un dobladillo en los bordes.

Ahora bien, las prendas sin ninguna costura —como la de Jesús— se hacían exclusivamente en Palestina. Se tejían en un telar vertical que contaba con dos grupos de hilos colgados del travesaño superior, uno por delante y otro por detrás. Cada grupo de hilos verticales formaba una urdimbre.

Mediante una varilla llamada lanzadera, el tejedor entrecruzaba el hilo horizontal de la trama por la urdimbre delantera y continuaba por la trasera. “De este modo —indica cierta obra de consulta—, se formaba una sola pieza cilíndrica.” No todo el mundo tenía una prenda de esta clase, lo que explica por qué a los soldados les interesaba tanto obtener una.

Inscripción

Y allí lo fijaron en el madero, y con él a otros dos [hombres], uno de este lado y uno de aquel, pero a Jesús en medio. Pilato escribió un título también y lo puso sobre el madero de tormento. Estaba escrito: “Jesús el Nazareno el rey de los judíos”. Muchos de los judíos, pues, leyeron este título, porque el lugar donde Jesús fue fijado en el madero estaba cerca de la ciudad; y estaba escrito en hebreo, en latín, en griego. Pero los sacerdotes principales de los judíos empezaron a decir a Pilato: “No escribas: ‘El rey de los judíos’, sino que él dijo: ‘Soy rey de los judíos’”. Pilato contestó: “Lo que he escrito, he escrito” (Juan 19:18-22)

Letrero encima de Jesúsimage

Pilato mandó poner sobre el madero un letrero: “Jesús el Nazareno el rey de los judíos”. Debió escribir esto no solo porque respetaba a Jesús, sino porque detestaba a los sacerdotes judíos por haberle obligado a dictar la pena de muerte contra Jesús. Para que todos pudieran leer el letrero, se escribió en tres idiomas: hebreo, latín oficial y el griego común.

El letrero desalentaría a los sacerdotes principales, entre ellos Caifás y Anás. Esta proclamación categórica dañaba su hora de triunfo. Por eso se opusieron: “No escribas: ‘El rey de los judíos’, sino que él dijo: ‘Soy rey de los judíos’”. Pilato, irritado porque se vio instrumento de los sacerdotes, dijo con: “Lo que he escrito, he escrito”.

Burlas y desprecios

De modo que los que pasaban hablaban injuriosamente de él, meneando la cabeza y diciendo: “¡Oh tú, supuesto derribador del templo y edificador de él en tres días, sálvate! Si eres hijo de Dios, ¡baja del madero de tormento!”. Del mismo modo, también, los sacerdotes principales junto con los escribas y ancianos empezaron a burlarse de él y a decir: “¡A otros salvó; a sí mismo no se puede salvar! Él es rey de Israel; baje ahora del madero de tormento y creeremos en él. Ha puesto en Dios su confianza; líbrelo Él ahora si le quiere, puesto que dijo: ‘Soy Hijo de Dios’”. Así mismo, hasta los salteadores que estaban fijados en maderos junto con él se pusieron a vituperarlo. (Mateo 27:39-44)

Los sacerdotes, junto con una muchedumbre grande, se reunieron en el lugar de la ejecución, volviendo a mencionar el testimonio falso que se había presentado antes en los juicios ante el Sanedrín. Los que pasaban por allí lanzaban insultos y meneaban la cabeza en burla, diciendo: “¡Oh tú, supuesto derribador del templo y edificador de él en tres días, sálvate! Si eres hijo de Dios, ¡baja del madero de tormento!”.

Contagiados por el espíritu de la situación, los soldados también se mofaron de Jesús. Burlándose, le ofrecieron vino agrio, al parecer aguantándolo precisamente ante sus labios resecos. Lo desafiaban, diciendo: “Si tú eres el rey de los judíos, sálvate”. Aun los salteadores colgados uno a la derecha de Jesús y el otro a su izquierda se burlaron de él.

Los sacerdotes principales y sus secuaces religiosos se burlaban: “¡A otros salvó; a sí mismo no se puede salvar! Él es rey de Israel; baje ahora del madero de tormento y creeremos en él. Ha puesto en Dios su confianza; líbrelo Él ahora si le quiere, puesto que dijo: ‘Soy Hijo de Dios’”.

Estado físico

La abundante pérdida de sangre, aumentaron más gravemente la dificultad respiratoria, comenzada en Getsemaní.

Esto se agravó todavía más, si cabía, por los golpes en la espalda y en el pecho que afectaron a órganos respiratorios y que además la hicieron dolorosa.

Jesús tenía graves síntomas de asfixia. La presión arterial baja comenzada en Getsemaní y aumentada con la desnutrición y la nueva pérdida de líquido corporal y de sangre, le dejaron materialmente sin fuerzas. Jesús no se tenía.

Sin duda cayó, al desatarle las cuerdas, sobre el charco de sangre que había salido de su cuerpo.

No olvidemos, que todo esto recayó sobre una dermis y epidermis sumamente sensible al dolor después de la hematidrosis.

En las circunstancias de Jesús es imposible explicar médicamente el dolor que sentiría cada vez que recibía un correazo con las bolas de plomo. Podríamos decir que en estos momentos Jesús era solo dolor.

Conversación de JesúsNueva imagen (142)

En respuesta, el otro le reprendió, y dijo: “¿No temes tú a Dios de ninguna manera, ahora que estás en el mismo juicio? Y nosotros, en verdad, justamente, porque estamos recibiendo de lleno lo que merecemos por las cosas que hicimos; pero este no ha hecho nada indebido”. Y pasó a decir: “Jesús, acuérdate de mí cuando entres en tu reino”. Y él le dijo: “Verdaderamente te digo hoy: Estarás conmigo en el Paraíso”. (Lucas 23:40-43)

Junto al madero de tormento de Jesús, pues, estaban de pie su madre y la hermana de su madre; María la esposa de Clopas, y María Magdalena. Entonces Jesús, al ver a su madre y al discípulo a quien él amaba, de pie allí cerca, dijo a su madre: “Mujer, ¡ahí está tu hijo!”. Entonces dijo al discípulo: “¡Ahí está tu madre!”. Y desde aquella hora el discípulo la llevó consigo a su propio hogar. (Juan 25:25-27)

Sufrimiento en el madero

En cada ciclo respiratorio, Jesús habría necesitado derrochar una gran cantidad de energía para levantar todo el peso de su cuerpo, tomar aire, y volver a descender lo más suavemente posible para evitar el dolor desgarrante de los clavos de las muñecas.

Normalmente, para respirar, el diafragma debe bajarse. Esto agranda la cavidad torácica y el aire entra automáticamente en los pulmones (inhalación). Para exhalar, el diafragma se levanta hacia arriba, y comprime el aire en los pulmones y mueve el aire hacia fuera (exhalación).

Mientras que Jesús colgaba del madero, el peso de su cuerpo habría abatido al diafragma y el aire se habría introducido en los pulmones, permaneciendo allí. Para exhalar, Jesús debía empujar hacia arriba impulsándose sobre sus pies clavados, causándole esto aún más dolor.

Para hablar, el aire debe pasar sobre las cuerdas vocales durante la exhalación. Los evangelios mencionan que Jesús habló siete veces desde el madero. Es asombroso que a pesar de su dolor, él empujara con sus pies para exhalar el aire y producir sonido y perdonar: “Padre, perdónalos por que no saben lo que hacen” (Lucas 23:34).

Efecto de la falta de oxígeno

El efecto más importante del madero, aparte del dolor abominable, era la dificultad para respirar, sobre todo para exhalar el aire.

En el caso de Jesús, la respiración era superficial, dado que la exhalación era principalmente diafragmática. Esta insuficiencia pudo acabar en un exceso de dióxido de carbono en los líquidos corporales y una fatiga, que se acompañó pronto de calambres musculares y contracciones tetánicas.

En definitiva: cada uno de los movimientos para conseguir un poco de oxígeno se convirtieron en un esfuerzo agonizante, lo que condujo finalmente a la asfixia de Jesús.

Agonía en el maderoJesus y ultimas horas (75)

La dificultad para exhalación conduce a una forma lenta de sofocación. El bióxido de carbono se acumula en la sangre, dando como resultado un alto nivel del ácido carbónico en la sangre. El cuerpo responde por instinto, accionando el deseo de respirar.

En el mismo tiempo, el corazón late más rápido para circular el poco oxígeno disponible. La dificultad en la exhalación daña a los tejidos y a los capilares, tornándose éstos más permeables (es decir comienza a escaparse el líquido hemático, infiltrándose en los tejidos).

Esto da lugar a una acumulación del líquido alrededor del corazón (derrame pericárdico) y de los pulmones (derrame pleural). Los pulmones, colapsados por el diafragma y el derrame pleural, la deshidratación y la inhabilidad de conseguir suficiente oxígeno para los tejidos, esencialmente sofocan a la víctima.

La falta de oxígeno también daña el corazón (infarto del miocardio) lo que conduce a una falla cardíaca.

Rehusó beber el vino

Cuando Jesús supo que ya todas las cosas se habían realizado, para que se realizara la escritura, dijo: “Tengo sed”. Había allí un vaso lleno de vino agrio. Por tanto, pusieron una esponja llena de vino agrio sobre [una caña de] hisopo y se la acercaron a la boca. Pues bien, cuando hubo recibido el vino agrio, Jesús dijo: “¡Se ha realizado!”, e, inclinando la cabeza, entregó [su] espíritu Juan 19:28-30)

Le dieron a beber vino mezclado con hiel; pero, después de gustarlo, él rehusó beber” (Mateo 27:34)

Murió antes que los malhechores

Una vez traicionado, padeció una agresión tras otra. Se le escarneció, le escupieron y le dieron puñetazos. Y así hasta el interrogatorio con Pilato, que lo hizo flagelar. La flagelación romana no se limitaba a simples azotes.

“Las agresiones físicas y psíquicas por parte de judíos y romanos, así como la falta de comida, agua y sueño, también contribuyeron a su debilidad general. Así pues, ya antes de su ejecución en el madero, el estado físico de Jesús era como mínimo grave y posiblemente crítico”.

Punzado en el costado

Entonces los judíos, puesto que era la Preparación, a fin de que los cuerpos no permanecieran en los maderos de tormento en el sábado (porque era grande el día de aquel sábado), solicitaron de Pilato que se les quebraran las piernas y fueran quitados los [cuerpos]. Vinieron, pues, los soldados y quebraron las piernas del primer [hombre], y las del otro que había sido fijado en un madero con él. Pero al venir a Jesús, como vieron que ya estaba muerto, no le quebraron las piernas. No obstante, uno de los soldados le punzó el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua. De hecho, estas cosas sucedieron para que se cumpliera la escritura: “Ni un hueso de él será quebrantado”. Y, de nuevo, una escritura diferente dice: “Mirarán a Aquel a quien traspasaron”. (Juan 19:31-37)

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Sus últimas palabras

“Desde la hora sexta en adelante cayó sobre toda la tierra una oscuridad, hasta la hora nona. Cerca de la hora nona Jesús clamó con voz fuerte, y dijo: “É·li, É·li, ¿lá·ma sa·baj·thá·ni?”, esto es: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?”. Al oír esto, algunos de los que estaban parados allí empezaron a decir: “A Elías llama este”… Pero los demás dijeron: “¡Déja[lo]! Veamos si Elías viene a salvarlo”. Otro hombre tomó una lanza y le traspasó el costado, y salió sangre y agua. De nuevo clamó Jesús con voz fuerte, y cedió [su] espíritu” (Mateo 27:45-50).

“Porque falló la luz del sol; entonces la cortina del santuario se rasgó por en medio. Y Jesús llamó con voz fuerte y dijo: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”. Cuando hubo dicho esto, expiró” (Lucas 23:44-46).

Jesús dijo: “¡Se ha realizado!”, e, inclinando la cabeza, entregó [su] espíritu. (Juan 19:30)

Desencadenante crítico

El registro no dice si los malhechores que fueron fijados junto a Jesús estaban clavados o simplemente atados a los maderos. Si solo estaban atados, se explicaría por qué todavía estaban vivos cuando Jesús ya había muerto y se les tuvo que quebrar las piernas. (Jn 19:32, 33.)

Al fracturar las piernas de la víctima, sobrevenía pronto la muerte por asfixia, puesto que, según ciertas opiniones, impedía que pudiera alzar el cuerpo para aliviar la tensión de los músculos del pecho.

Por supuesto, esta no fue la razón determinante por la que Jesús murió antes que los malhechores, pues ellos no habían experimentado la tortura mental y física a la que él había sido sometido.

Jesús acababa de soportar una prueba muy dura durante toda la noche a manos de sus enemigos, además de que los soldados romanos lo habían azotado, quizás hasta el grado de no poder cargar su propio madero de tormento tal como era costumbre. (Mr 14:32–15:21; Lu 22:39–23:26.)

Causa de la muerteJesus y ultimas horas (84)

Cuando el condenado tardaba mucho en morir, se le hacía una rotura de piernas, para que la víctima ya no pudiese elevarse para respirar. Jesús murió mucho antes de lo esperado y no tuvieron que hacer esto.

Siguiendo la tradición, atravesaron el lado derecho de su cuerpo con una espada. (Jn 19,34), Después del «golpe de gracia» comenzó a salir sangre y agua de la herida, en ese orden.

Tal vez Jesús no murió por agotamiento, ni por los golpes o por las 3 horas del madero, sino que murió por agonía de la mente, la cual le produjo el rompimiento del corazón. Su evidencia viene de lo que sucedió cuando el soldado romano atravesó el costado izquierdo del Cristo.

Esto prueba no tan solo que Jesús ya estaba muerto cuando fue traspasado, sino que ello también es una evidencia del rompimiento cardíaco. El renombrado fisiólogo Samuel Houghton cree que tan sólo la combinación del madero y ruptura del corazón podría producir este resultado.

  • Puesto que se trataba de un soldado romano, probablemente lo que usó fue el pilum romano. Este tipo de lanza de madera tenía alrededor de 180 cm. de longitud, la parte final era de hierro y estaba armada con una lengüeta.

Cortina del templo se rasgó

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Oscuridad al morir

Marcos 15:33 dice: “Cuando llegó a ser la hora sexta, una oscuridad cayó sobre toda la tierra hasta la hora nona”. Esta oscuridad de tres horas, desde el mediodía hasta las tres de la tarde, fue obra de un milagro.

No pudo ser un eclipse solar por dos razones.

Primero, porque la duración máxima de un eclipse total de Sol en cualquier punto de la superficie terrestre es de unos siete minutos y medio. image

Y segundo, porque Jesús murió el día 14 del mes lunar de nisán. El primer día de nisán coincide con el inicio de la luna nueva, momento en que el satélite está situado entre la Tierra y el Sol y, por tanto, puede producirse un eclipse. Para el día 14, la Luna ya ha realizado la mitad de su recorrido y la Tierra se halla entre ella y el Sol; por tal motivo, en vez de ocultar la luz solar, la Luna la refleja plenamente.

De ahí que esta sea una noche de plenilunio, el escenario perfecto para celebrar la Conmemoración de la muerte de Jesús.

Terremoto

Cuando Jesús expira, ocurre un terremoto violento que hiende las masas rocosas.

El terremoto es tan vigoroso que abre las tumbas conmemorativas que hay fuera de Jerusalén y echa de estas los cadáveres.

Transeúntes que ven los cadáveres que quedan expuestos entran en la ciudad e informan lo que han visto.

Jesús pasó partes de tres días en el sepulcro y fue resucitado. Según el método judío de medir el tiempo y los hechos del cumplimiento en el caso de Jesús, este período de “tres días y tres noches” permite menos de tres días completos.

Oficial del ejército

Y ¡mire!, la cortina del santuario se rasgó en dos, de arriba abajo, y la tierra tembló, y las masas rocosas se hendieron. Y las tumbas conmemorativas se abrieron y muchos cuerpos de los santos que se habían dormido fueron levantados (y algunas personas, saliendo de entre las tumbas conmemorativas después que él fue levantado, entraron en la ciudad santa), y se hicieron visibles a mucha gente. Pero el oficial del ejército y los que con él vigilaban a Jesús, al ver el terremoto y las cosas que sucedían, tuvieron muchísimo miedo, y dijeron: “Ciertamente este era Hijo de Dios”. Además, estaban allí, mirando desde lejos, muchas mujeres que habían acompañado a Jesús desde Galilea para ministrarle; entre las cuales estaba María Magdalena, también María la madre de Santiago y de Josés, y la madre de los hijos de Zebedeo. (Mateo 27:51-56)Nueva imagen (143)

Debido a que vio lo que sucedió, el oficial del ejército se puso a glorificar a Dios, y dijo: “Verdaderamente este hombre era justo”. Y todas las muchedumbres que estaban reunidas allí para este espectáculo, cuando contemplaron las cosas que habían sucedido, empezaron a regresar golpeándose el pecho (Lucas 23:47,48)

Un oficial del ejército comandaba los cuatro soldados que dieron muerte a Jesús. (Jn 19:23.)

Este centurión probablemente estuvo presente cuando se discutió ante Pilato la cuestión acerca de si Jesús era Hijo de Dios. (Jn 19:7.)

Tras observar este proceso y otras circunstancias de cuando se le fijó en el madero, así como los fenómenos milagrosos que acompañaron a la muerte de Jesús, el “oficial del ejército se puso a glorificar a Dios”, diciendo: “Verdaderamente este hombre era justo”, “ciertamente este era Hijo de Dios”. (Lu 23:47; Mt 27:54.)

Seguramente fue a él a quien Pilato preguntó si Jesús estaba muerto antes de entregar el cuerpo para enterrarlo. (Mr 15:44, 45.)

Cuando murió

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Hora de la muerte

Las horas se contaban desde la salida del Sol, o alrededor de las 6.00 de la mañana.

La Biblia menciona la “hora tercera”, que sería aproximadamente las 9.00 de la mañana.

Se menciona la “hora sexta” como el tiempo en que una oscuridad cayó sobre Jerusalén cuando Jesús fue fijado en el madero.

Esto correspondería a las 12 del mediodía para nosotros. Se declara que Jesús expiró en el madero de tormento “cerca de la hora nona”, o a eso de las 3.00 de la tarde. (Mar. 15:25; Luc. 23:44; Mat. 27:45, 46.)

Apariencia de justicia

Los romanos le dieron muerte a Jesús, aunque fueron los líderes religiosos judíos quienes lo arrestaron. A estos últimos les incomodaba tanto la predicación de él, que decidieron matarlo. No obstante, trataron de dar una apariencia legal a su ejecución.

Las autoridades religiosas judías tenían el derecho de administrar justicia entre el pueblo según sus propias leyes, pero al parecer no les confería el derecho legal para ejecutar a los delincuentes.

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