El castigo romano

“Por lo tanto, en aquel momento Pilato tomó a Jesús y lo azotó. Y los soldados entretejieron una corona de espinas y se la pusieron sobre la cabeza y lo vistieron con una prenda de vestir exterior de púrpura; y empezaron a acercarse a él y decir: “¡Buenos días, rey de los judíos!”. También, le daban bofetadas. Y Pilato salió fuera otra vez y les dijo: “¡Vean! Se lo traigo fuera para que sepan que no hallo en él ninguna falta”. Por consiguiente, Jesús salió fuera, llevando la corona espinosa y la prenda de vestir exterior de púrpura. Y [Pilato] les dijo: “¡Miren! ¡El hombre!” (Juan 19:1-5)

Entonces los soldados lo llevaron dentro del patio, es decir, al palacio del gobernador; y convocaron al entero cuerpo de soldados, y lo ataviaron de púrpura, y entretejieron una corona de espinas y se la pusieron. Y comenzaron a saludarlo: “¡Buenos días, rey de los judíos!”. También, le daban en la cabeza con una caña y le escupían y, doblando las rodillas, le rendían homenaje. Por fin, cuando se hubieron burlado de él, lo despojaron de la púrpura y le pusieron sus prendas de vestir exteriores. Y lo condujeron fuera para fijarlo en el madero (Marcos 15:16-20)

Castigos en Roma300px-Flagrum

El instrumento utilizado para la flagelación, fue el flagrum taxillatum,que se componía de un mango corto de madera, al que estaban fijos tres correas de cuero de unos 50 cms., en cuyas puntas tenían dos bolas de plomo alargadas, unidas por una estrechez entre ellas; otras veces eran los talli o astrágalos de carnero.

El más usado era el de bolas de plomo.

El número de latigazos, según la ley hebrea, era de 40, pero ellos por escrúpulos de sobrepasarse, daban siempre 39.

Pero Jesús fue flagelado por los romanos, en dependencia militar romana, según la costumbre romana, cuya ley no limitaba el número.

Los azotes

¿Cómo es posible que un hombre como Jesús, perfecto, muriera en menos de 20 horas?

Debió recibir numerosos azotes, que lo dejaron en muy mal estado físico, tanto que cayó varias veces cuando transportaba el madero, y finalmente tuvo que ser ayudado.

  • Una vez la orden de castigo, Jesús fue atado con cuerdas gruesas y resistentes. Las manos por encima de la cabeza, quedando así, casi suspendido de la parte alta de la columna o del techo.
  • De esta manera quedaba inutilizado, para que no pudiera defender algunas partes del cuerpo con los brazos, y para que en el caso de ‘choc’, no cayera al suelo.
  • El instrumento utilizado para la flagelación, fue el flagrum taxillatum, que se componía de un mango corto de madera, al que estaban fijos tres correas de cuero de unos 50 cms., en cuyas puntas tenían dos bolas de plomo alargadas, unidas por una estrechez entre ellas; otras veces eran los talli o astrágalos de carnero. El más usado era el de bolas de plomo.

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La costumbre romana

Jesús fue flagelado por los romanos, en dependencia militar romana, según la costumbre romana, cuya ley no limitaba el número.

Sólo estaban obligados a dejar a Jesús con vida, por dos razones:

  1. Para poder mostrarle al público y que éste se compadeciera (era la intención de Pilato)
  2. Para que en caso de condena a muerte, llegara vivo al lugar de suplicio y clavarlo en el madero: era la ley.

Cuando los clásicos latinos hablan de esta flagelación,  dicen que el reo quedaba irreconocible en su aspecto y sangrando por todo el cuerpo. Así quedó Jesús.

Por eso a la pregunta: ¿cuántos latigazos dieron a Jesús? la respuesta es, hasta que le dejaron irreconocible; hasta que se cansaron.

Todas las partes del cuerpo de Jesús fueron objeto de latigazos.

Efectos en el cuerpo de Cristo

Las correas de cuero del flagrun taxillatum, cortaron en mayor o menor grado la piel de Jesús en todo su cuerpo: en la espalda, el tórax, los brazos, el vientre, los muslos, las piernas.

Las bolas de plomo, caídas con fuerza sobre el cuerpo de Jesús, hicieron toda clase de heridas: contusiones, irritaciones cutáneas, escoriaciones, equimosis y llagas.

Además, los golpes fuertes y repetidos sobre la espalda y el tórax, provocaron, sin duda, lesiones pleurales e incluso pericarditis, con consecuencias muy graves para la respiración, la marcha del corazón y el dolor.

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Consecuencias de los latigazos

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La corona de espinas

La humillación de Cristo, lo que incluyó que lo disfrazaran de rey con un manto rojo, una caña en su mano derecha a manera de cetro y una corona de espinas, parece seguir una costumbre de las legiones que escogían a un esclavo en las saturnales de fin de año, para vestirlo de rey, humillarlo y luego asesinarlo.

Intento final de Pilato

El gobernador sabía que no podía liberar a Jesús sin entrar en conflicto con los judíos.

  • Tenía que apaciguar el furor de ellos con algún tipo de castigo. ‘Así que tomó entonces Pilato a Jesús y lo azotó.

Los soldados entretejieron una corona de espinas y la pusieron sobre su cabeza, y lo vistieron con un manto de púrpura, y le decían: -¡Salve, Rey de los judíos! –y le daban bofetadas’.

Entonces Pilato salió otra vez, y les dijo: ‘Mirad, os lo traigo fuera para que entendáis que ningún delito hallo en él.

  • Y salió Jesús llevando la corona de espinas y el manto de púrpura. Pilato les dijo: ¡Este es el hombre!’(Juan 19:1-5).

Insistencia en su muerteimage

Sin embargo, cuando los sacerdotes principales y los oficiales lo vieron, gritaron, y dijeron: “¡Al madero [con él]! ¡Al madero [con él]!”. Pilato les dijo: “Tómenlo ustedes mismos y fíjenlo en el madero, porque yo no hallo en él falta alguna”. Los judíos le contestaron: “Nosotros tenemos una ley, y según la ley debe morir, porque se hizo hijo de Dios”. Por eso, cuando Pilato oyó este dicho, tuvo mayor temor (Juan 19:6-8)

“Con esto, ellos se pusieron a instar a grandes voces, y a demandar que fuera fijado en un madero; y sus voces empezaron a salir triunfantes. De modo que Pilato dio sentencia de que se satisficiera la demanda de ellos” (Lucas 23:23,24).

Nadie podía pensar que ese Hombre fuera peligroso, ni que mereciera mayor castigo.

Cuando comprobó el fracaso de su apelación, la compasión de Pilato se transformó en amargura.

La contemplación de Jesús, con su vestimenta y corona burlescos, y lo desfigurado de su rostro y figura debido al trato inhumano recibido, habría bastado para despertar la compasión, de haber quedado una partícula de ella entre los judíos entre los presentes.

Las apelaciones de Pilato cayeron en oídos sordos, y obtuvo por única respuesta un tremendo clamor exigiendo la muerte. “Cuando lo vieron los principales sacerdotes y los guardias, dieron voces diciendo: ¡Al madero con el!… (Juan 19:6).

Acusación de blasfemia

La declaración repetida por Pilato de que Jesús era inocente de todos los delitos criminales y políticos de los que se le acusaba, hizo que los judíos recurrieran en su desesperación a evocar de nuevo la acusación de blasfemia, tipificada en la ley judía como un delito de traición y penada con la muerte.

Ese recurso implicaba el reconocimiento de la falsedad del resto de acusaciones que no habían prosperado, y hacía patente que se trataba en esencia de un asunto religioso (Juan 19:7 y 8).

Última conversación de Pilato con JesúsJesus y ultimas horas (88)

“Y entró otra vez en el palacio del gobernador y dijo a Jesús: “¿De dónde eres tú?”. Pero Jesús no le dio respuesta. Así que Pilato le dijo: “¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para ponerte en libertad y tengo autoridad para fijarte en un madero?”. Jesús le contestó: “No tendrías autoridad alguna contra mí a menos que te hubiera sido concedida de arriba. Por eso, el hombre que me entregó a ti tiene mayor pecado”. Juan 19:9-11)

Pilato temía su futuro

Bajo el mandato de Pilato, los judíos habían estado ya a punto de protagonizar una revuelta en tres ocasiones, por lo tanto su prestigio se resentiría fácilmente ante el emperador, quien se jactaba con cierta razón por el buen gobierno de las provincias.

Sabían que una importante delegación compareciendo en Roma, con la queja de que Pilato había rehusado ejecutar a alguien que pretendía ser rey, y que por consiguiente era culpable de traición, tendría mucho peso ante el receloso Tiberio.

Habían apelado al emperador en dos o tres ocasiones con anterioridad, obteniendo lo que demandaban para vergüenza de Pilato.

Tenía clara su decisión

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Pilato tuvo un final trágico en su vida

No le sirvió de gran cosa, pues poco tiempo después otra queja de los judíos hizo que el gobernador de Siria emitiera una orden de comparecencia de Pilato ante Tiberio a fin de responder por graves responsabilidades que resultaron en la pérdida de su puesto, y según el historiador Eusebio, “agotado por sus desventuras” terminó en el suicidio.

Se cumplía así la repetida enseñanza de Jesús: “El que halle su vida, la perderá; y el que pierda su vida por causa de mí, la hallará” (Mat. 10:39).

Últimos intentos

“Por esta razón Pilato siguió buscando cómo ponerlo en libertad. Pero los judíos gritaron, diciendo: “Si pones en libertad a este, no eres amigo de César. Todo el que se hace rey habla contra César”. Por eso Pilato, después de oír estas palabras, sacó fuera a Jesús, y se sentó en el tribunal en un lugar llamado El Empedrado, pero, en hebreo, Gáb·ba·tha. Era, pues, la preparación de la pascua; era como la hora sexta. Y dijo a los judíos: “¡Miren! ¡Su rey!”. Sin embargo, ellos gritaron: “¡Quíta[lo]! ¡Quíta[lo]! ¡Al madero con él!”. Pilato les dijo: “¿A su rey fijo en un madero?”. Los sacerdotes principales contestaron: “No tenemos más rey que César”. Juan 19:12-15)

Ataque político a Pilato

Desde entonces procuraba Pilato soltarlo, pero los judíos daban voces diciendo: ‘Si a este sueltas, no eres amigo de César; todo el que se hace rey, a César se opone’. Entonces Pilato, oyendo esto, llevó fuera a Jesús, y se sentó en el tribunal, en el lugar llamado El Enlosado, en hebreo, Gábata” (Juan 19:12 y 13).

Pilato se sentía muy disgustado consigo mismo, y ciertamente con la turba.

Presentaron su ataque en el campo del sentimiento personal y de mayor intensidad. El inexplicable interés de Pilato por liberar a Jesús, y el desdeño manifestado hacia sus acusadores cederían ante el temor a ver amenazada su propia posición, y quizá hasta su propia vida.

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‘No hay más rey que César’

Pilato les dijo: ‘¿A vuestro rey en un madero?’ Respondieron los principales sacerdotes: ¡No tenemos más rey que César! Así que entonces lo entregó a ellos para que fuera crucimageificado. Tomaron, pues, a Jesús y se lo llevaron” (Juan 19:14-16).

En su desesperación, los judíos estuvieron dispuestos a aceptar lo que siempre habían negado con vehemencia: que su único rey era el César.

Eso significaba una renuncia en toda regla a su esperanza mesiánica. Cediendo al clamor de la turba, Pilato demostró su total indignidad para actuar como juez romano.

Pilato parecía ignorar un arraigado principio de la ley romana: “No hay que dejarse influenciar por el vano clamor del populacho, cuando pide la absolución del culpable o la condena del inocente”

Miedo al emperador

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El ‘tumulto’ venció a la razón

La respuesta final de la turba al clamor por justicia del juez romano, fue el “tumulto” o alboroto.

El tumulto se define como la “conmoción o agitación de una multitud, generalmente acompañado de griterío y confusión de voces”.

Los argumentos de Pilato fueron contestados con un griterío ensordecedor que asfixió su voz. Pilato claudicó desesperado, y consintió en lo que le exigían.

¿Dónde estaba ahora la muchedumbre de los esperanzados creyentes que lo habían seguido como referente de la verdad y la regeneración? ¿Dónde estaban, cuáles eran sus pensamientos y por qué guardaban silencio?…

Y las multitudes de discípulos y entusiastas que habían esparcido hierbas aromáticas y gozosas alabanzas en el camino a Sión… ¿Dónde estaban ahora? Ni un recuerdo, ni un atisbo, ni un eco del gran homenaje que se le acababa de dispensar.

Turba fanatizadaNueva imagen (42)

Los judíos estaban motivados por el odio y la envidia hacia Jesús.

El grito “al madero con el”, es indicativo de que “no había ni una partícula de legalidad o de justicia; la tradicional clemencia queda totalmente olvidada; la turba fanatizada, agolpándose contra las puertas del pretorio –más allá del cual no puede pasar-, se une en excitada gesticulación, exigiendo con furioso vocerío la sangre de Jesús”. (El Cantar 8:6; Prov. 27:4).

Ante la marea de injusticia inspirada por los celos y la envidia Jesús estaba condenado a morir.

Se lavó las manos

“Viendo que no lograba nada, sino, más bien, que se levantaba un alboroto, Pilato cogió agua y se lavó las manos delante de la muchedumbre, y dijo: “Soy inocente de la sangre de este [hombre]. Ustedes mismos tienen que atender a ello”. Ante eso, todo el pueblo dijo en respuesta: “Venga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos” (Mateo 27:24,25)

“Por lo tanto, en aquel momento él se lo entregó a ellos para que fuera fijado en un madero”. (Juan 19:16).

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Viendo Pilato que nada adelantaba, sino que se hacía más alboroto, tomó agua y se lavó las manos delante del pueblo, diciendo: ‘Inocente soy yo de la sangre de este justo.

Allá vosotros. Y respondiendo todo el pueblo, dijo: Su sangre sea sobre nosotros y sobre nuestros hijos. Entonces les soltó a Barrabás, y habiendo azotado a Jesús, lo entregó…’ (Mat. 27:22-26).

No atreviéndose, en su debilidad, a comportarse como un hombre y seguir el camino recto, consideró que incluso los que no podían escucharlo, pero lo verían a la distancia, habrían de saber que de ninguna forma era su intención participar en la condenación de Cristo. Lavarse las manos en agua es un símbolo tan natural para expresar el repudio a la responsabilidad, quimagee tanto los judíos como los gentiles lo habían adoptado.

Se trataba de un puro golpe de efecto, de una escenificación. Pero realizada desde la mezquindad, la vileza y la cobardía. Se lavó las manos en el momento en que debía haberlas puesto en acción.

Carecía de valor, y su cobardía daba la medida del carácter y norma de Pilato.

Pero Pilato no podía lavar su culpa con la misma facilidad que sus manos. El agua no lavó la sangre de Jesús de las manos de Pilato más de lo que un asesino podría lavar las manchas de sangre de sus crímenes.

Como alguien afirmó, toda el agua del Mediterráneo no habría bastado para enjuagar la culpa del gobernador romano. El que declaró repetidamente inocente a Jesús, y aún así lo mandó a la muerte, lejos de conseguir unas manos limpias, pasó a la posteridad con la lacra de ser “el juez injusto”.

Había dos tribunales actuando

El juicio del Nazareno tuvo lugar ante el gran sanedrín, cuyos jueces eran las mentes directoras de una raza divinamente comisionada, y ante el tribunal del Imperio Romano encargado de controlar los derechos legales y políticos de los hombres en todo el mundo conocido, desde Escocia a Judea y desde Dacia a Abisinia. Jesús fue juzgado y condenado por dos diferentes tribunales; uno hebreo y el otro romano.

Jesús venció

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Un linchamiento

  1. No hubo exposición, ni siquiera definición de la acusación
  2. No se expuso formalmente el crimen
  3. No existió ninguna promulgación legalmente apropiada
  4. No hubo turno de testigos
  5. No existió evidencia alguna de un hecho criminal
  6. Nada se dijo a propósito de justificar o explicar la sentencia.
  7. De hecho, ni siquiera hubo sentencia; el prisionero fue simplemente puesto en las manos de una facción de sus acusadores, en marcado contraste con la proclamación de inocencia del Acusado pronunciada por su juez, quien se lavó las manos en el asunto.
  8. Jesús de Nazaret no fue en realidad condenado, sino simplemente ejecutado. Su martirio no fue una mera desviación de la justicia, sino un asesinato” (Isaías 59:14-16).

Análisis jurídico

Las páginas de la historia humana no presentan otro caso de crimen judicial cuya envergadura sea comparable al juicio y ejecución de Jesús, por la sencilla razón de que en el proceso judicial llevado contra él fue quebrantado y pisoteado todo principio legal.

Los errores fueron tan numerosos y flagrantes que para muchos es dudosa la existencia misma de un proceso judicial.

“El gobernador no convocó ni a un solo testigo, no verificó ninguna prueba, no realizó investigación alguna con el propósito de dilucidar la inocencia o culpabilidad… se sintió satisfecho con la inocencia del prisionero, y sin embargo decretó su inculpación y condena”

Secuencia de los hechos

  1. Lo detienen en la noche del 14 de Nisán Getsemaní
  2. Lo llevan antes Anás
  3. Lo llevan a la casa del Sumo Sacerdote Caifás
  4. Pedro lo niega
  5. Por la mañana, temprano, lo llevan al Sanedrín
  6. Después es llevado ante el gobernador Pilato
  7. Judas se ahorca
  8. Es acusado por los líderes religiosos
  9. Pilato conversa con Jesús
  10. Ante el nuevo ataque de los judíos es llevado ante Herodes
  11. Herodes, después de ‘divertirse’ lo devuelve a Pilato
  12. Pilato presenta la opción de liberar a Jesús o Barrabás
  13. Esposa habla con Pilato
  14. Judíos escogen a Barrabás
  15. Jesús es azotado
  16. Visten a Jesús con corona de espinos y una prenda púrpura
  17. Los líderes judíos insisten en su ejecución
  18. Última conversación de Pilato y Jesús
  19. El último ataque de los judíos contra Pilato ponen fin su intento de liberarle
  20. Pilato se lava las manos y lo manda ejecutar.
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Un comentario el “El castigo romano

  1. Bendiciones gracias por publicar estas enseñanzas.

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