Helenización

Jerusalén helenizada

El proceso de helenización se aceleró en Jerusalén. Algunos ciudadanos pidieron permiso para construir un gimnasio, como centro de la vida social masculina de la cultura griega (este gimnasio ya no estaba en el tiempo de Jesús).

Un grupo de atletas judíos helenizados viajó a Tiro para participar en unos juegos y Jasón les quiso entregar dinero del templo para una ofrenda a Heracles.

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Ptolomeo I

Ptolomeo Lago, o Tolomeo I, general de Alejandro Magno, se proclamó rey en 305 a.E.C. La dinastía tolemaica que fundó siguió gobernando Egipto hasta que el país cayó en poder de Roma, en 30 a.E.C.

La dinastía ptolemaica asumió el control de Judea y por lo tanto de Jerusalén en 323 a.E.C.

Seleuco Nicátor

Fue un general en el ejército de Alejandro Magno.

Tras la muerte de Alejandro y la posterior división del imperio, Seleuco Nicátor obtuvo el control de la mayor parte de los territorios asiáticos, de los que Persia era la parte central.

De los 4 generales que se repartieron el imperio de Alejandro, Seleuco fue quien se llevó la más extensa parte que comprendía veinte pueblos de distintas etnias, lenguas y religión, y que sumaba más de 30 millones de habitantes.

Así dio comienzo la dinastía de reyes seléucidas, que continuó hasta el año 64 a. E.C.

Fundó, entre otras, la ciudad de Antioquía, la nueva capital siria, y la ciudad portuaria de Seleucia.

Murió asesinado en 281 a.E.C., pero su dinastía se mantuvo en el poder hasta 64 a.E.C., año en que el general romano Pompeyo hizo de Siria una provincia de Roma.

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Los Ptolomeos y Jerusalén

Después de la muerte de Alejandro, Jerusalén y Judea quedaron bajo el dominio de los Ptolomeos, que gobernaron desde Egipto.

En el año 198 a. E.C., Antíoco el Grande, que gobernaba en Siria, tomó la ciudad fortificimageada de Sidón y a continuación, más hacia el sur, capturó Jerusalén.

Judá llegó a formar parte de los dominios del Imperio seléucida, con sus costumbres, lengua, cultura y filosofías (Da 11:16), y la ciudad de Jerusalén permaneció bajo ese dominio por treinta años.

El deseo del rey sirio Antíoco IV Epífanes de helenizar por completo a los judíos e intentar erradicar la adoración y las costumbres judías, le llevó a dedicar el templo de Jerusalén a Zeus (Júpiter) y en el año 168 a. E.C., a realizar un sacrificio inmundo a fin de profanar el altar. (1 Macabeos 1:57, 62; 2 Macabeos 6:1, 2, 5)

 

Los Ptolomeos y la tolerancia

Durante el siglo largo de administración ptolemaica de Palestina se mantuvo la tolerancia imageque había existido durante el dominio persa.

Aunque no estaban tan bien dispuestos hacia los judíos, la principal preocupación de los Ptolomeos era de tipo fiscal y no religiosa. La casa real garantizaba al menos a una sinagoga de cada ciudad.

La lealtad de los judíos se veía correspondida por el privilegio de mantener costumbres tradicionales como la observancia del sábado y la preservación el patrimonio del Templo.

Abandono de la ley de Dios

Como aumentaba la influencia ejercida por Grecia, los judíos prominentes y aristocráticos empezaron a considerar desfasadas las tradiciones y costumbres judías.

Los que llevaban la delantera eran la familia de los Tobíades, quienes durante la gobernación del rey seléucida Antíoco IV Epífanes (175-164 a. E.C.) ayudaron a Menelao, pariente suyo, a llegar a sumo sacerdote, aunque Menelao no pertenecía a la ancestral familia sacerdotal de Sadoc, sumo sacerdote del templo de Salomón.

La influencia griega cobró tanta fuerza, que las celebraciones religiosas judías fueron proscritas y el templo se convirtió en un santuario griego.

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Rivalidad entre familias sacerdotales

En 187 a.C. Seleuco IV Filopátor sucedió a Antíoco III y aplicó una dura política fiscal a Judea. Comenzaba una política muy diferente a la que había diseñado Antíoco el Grande.

Además existían rivalidades entre las familias sacerdotales, la avidez de fondos de las autoridades seléucidas y los recursos de los sacerdotes de Jerusalén para ocultar dinero y evitar inspecciones.

Durante el dominio griego en Palestina, había en Jerusalén dos familias sacerdotales rivales: los Oníades y los Tobíades.

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Compra del sacerdocio

Antíoco IV ofreció el cargo de sumo sacerdote al mejor postor, lo que hizo que se sucedieran rápidamente en el cargo varios personajes de las familias sacerdotales.

Hacia 175 a.C. fue depuesto Onías III y sustituido por su hermano Jasón, que había prometido a Antíoco mucho dinero y la implantación del helenismo en Jerusalén. Durante un viaje de este a Antioquía, Jasón ofreció a las autoridades griegas un soborno; Inducirlas a nombrarlo sumo sacerdote en lugar de Onías.

El gobernante seléucida griego Antíoco Epífanes (175-164 a.E.C.) aceptó enseguida la oferta.

Antes de eso, los soberanos griegos nunca habían intervenido en los asuntos del sumo sacerdocio judío, pero Antíoco necesitaba fondos para las campañas militares.

Además, le agradaba contar con un líder judío que promoviera activamente la helenización. Atendiendo un pedido de Jasón, Antíoco concedió a Jerusalén la categoría de ciudad griega.

Y Jasón construyó un gimnasio donde jóvenes judíos, incluso jóvenes sacerdotes, competían en los juegos.

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Sacerdocio se había corrompido

Los sacerdotes no solo tenían en sus manos el liderazgo espiritual y social del pueblo, sino que constituían la clase más poderosa y rica de Jerusalén, tanto en sentido político como económico.

Los sacerdotes se habían hecho tan altaneros y negligentes en el cumplimiento de sus deberes de pastoreo, que algunos que no eran sacerdotes empezaron a remplazarlos en las tareas de interpretar la Ley y administrar justicia.

Estos hombres, conocidos como escribas, eran diestros en encontrar pretextos para la gente que estaba resuelta a burlar la Ley.

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Fariseos y Saduceos

La religión judía se dividió en facciones rivales.

Los fariseos

Enseñaban que Dios había dado a Israel una ley doble, parte escrita y parte oral, y fue sobre la base de esta ley oral que reconocieron la legitimidad de la línea sumo sacerdotal incluso después de haberse interrumpido la línea tradicional.

Los saduceos

Negaban la existencia de una ley oral y afirmaban que solo podía servir de sumo sacerdote un descendiente directo de Sadoc. Se proclamaban descendientes de la línea de Sadoc (Sumo Sacerdote nombrado por el rey Salomón).

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El poder y la traición

La traición engendró traición. Tres años más tarde, Menelao, quien no era de linajimagee sacerdotal, ofreció un soborno más elevado, y Jasón huyó.

A fin de pagar a Antíoco, Menelao (un benjamita) tomó grandes sumas de dinero de la tesorería del templo, y se mantuvo al frente del templo hasta 164 a.C

Puesto que Onías III (quien vivía en el exilio en Antioquía) lo denunció por ello, Menelao mandó asesinarlo.

Cuando se corrió el rumor de que Antíoco había muerto, Jasón volvió a Jerusalén con 1.000 hombres para quitarle a Menelao el puesto de sumo sacerdote. Pero Antíoco no estaba muerto.

Comienzo del sufrimiento

Al enterarse de la acción de Jasón y de los disturbios que los judíos causaban en desafío a su política helenizadora, Antíoco respondió con severidad.

Antíoco llegó a la conclusión de que había sido un error político conceder libertad religiosa a los judíos.

Decidió acabar con esa situación.

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Persecución de la ‘Torá’

En 169 a.E.C. en el recorrido de la primera expedición, Antíoco pasó por el templo de Jerusalén, despojándolo de sus tesoros.

Antíoco aplicó a la religión judía la categoría de rebelión política contra la autoridad seléucida.

Emitió decretos que prohibían los sacrificios en el templo, donde introdujo el culto a Júpiter Olímpico, asignándole un altar propio.

Con la prohibición de la circuncisión y diversos actos de culto, eliminó los privilegios que Antíoco III había concedido a los judíos.

La observancia del sábado y profesión de la fe judía eran castigadas con la muerte y por todo el territorio de Judea se alzaron altares para ofrecer sacrificios a los dioses de cualquier otra religión.

Zeus en el Templo de Dios

Durante los años 168 y 167 a.E.C., en rápida sucesión, hubo masacres de judíosimage, el Templo fue saqueado y la práctica de la religión judía fue proscrita.

El insulto mayor llegó en diciembre de 167 a.E.C., cuando por orden de Antíoco se erigió un altar a Zeus dentro del Templo, y se exigió a los judíos que sacrificaran carne de cerdo, declarada impura por la ley judía, al dios de los griegos.

Durante ese período, Menelao y otros judíos helenizados continuaron en sus puestos y oficiaron en el templo profanado.

Los Hasidím

Aunque muchos judíos aceptaron el helenismo, un nuevo grupo autodenominado Hasidím (los piadosos) promovía una obediencia más estricta a la Ley de Moisés.

El pueblo llano, indignado con los sacerdotes que se habían helenizado, se ponía cada vez más del lado de los Hasidím.

Empezó entonces un período durante el cual se martirizó a muchos judíos de todo el país, pues se obligaba a la población a adoptar las costumbres y los sacrificios paganos bajo pena de muerte.

Los libros apócrifos de los Macabeos contienen muchos relatos de hombres, mujeres y niños que prefirieron morir a transigir.

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Comienzo de la rebelión

Las medidas extremas de Antíoco empujaron a muchos judíos a luchar por su religión.

En Modín, localidad situada al noroeste de Jerusalén, cerca de la actual ciudad de Lod, se convocó a un sacerdote llamado Matatías al centro del pueblo.

Puesto que gozaba del respeto de los pobladores, el representante del rey intentó convencerlo de participar en un sacrificio pagano, para salvar su vida y dar ejemplo al resto del pueblo.

Cuando Matatías se negó, otro judío se adelantó dispuesto a transigir. Indignado, Matatías agarró un arma y lo mató.

Los soldados griegos se quedaron tan atónitos al ver la violenta reacción de aquel hombre de edad, que tardaron en responder.

En cuestión de segundos, Matatías había matado también al oficial griego. Sus cinco hijos y los habitantes del pueblo dominaron a los soldados griegos antes de que estos pudieran defenderse.

Rebelión de los Macabeos

Matatías gritó: ‘Todo aquel que sienta celo por la Ley, que me siga’.

Para escapar de las represalias, él y sus hijos huyeron a la región montañosa.

Al difundirse las noticias de sus actos, muchos judíos (incluidos numerosos hasidim) imagese unieron a ellos.

Matatías puso a su hijo Judas al frente de las operaciones militares. Tal vez debido a su destreza militar, a Judas lo llamaron Macabeo, que significa “martillo”.

A Matatías y sus hijos se les llamaba asmoneos, nombre derivado de la ciudad de Hesmón o de un antepasado con ese nombre (Josué 15:27).

No obstante, debido al papel protagónico que Judas Macabeo adquirió durante la rebelión, se comenzó a llamar a toda la familia los Macabeos.

Adaptar la ‘ley’ a la ‘necesidad’image

En el transcurso del primer año de la sublevación, Matatías y sus hijos organizaron un pequeño ejército.

Matatías, a quien el pueblo había empezado a considerar una autoridad religiosa, dictó una disposición que permitía a los judíos defenderse durante el sábado.

Aquello dio un nuevo impulso a la sublevación, y además fijó la pauta dentro del judaísmo de permitir a los dirigentes religiosos adaptar la ley judía a los cambios de circunstancias.

El Talmud refleja esa tendencia en una declaración escrita con posterioridad: “Que profanen un sábado para que santifiquen muchos sábados”.

Sublevación Macabea

Después de tres años de lucha, Judas Macabeo consiguió el control de la ciudad y del templo, y volvió a dedicar el altar de Jehová a la adoración verdadera en el aniversario de su profanación, el 25 de Kislev del año 165 a. E.C. (1 Macabeos 4:52-54; 2 Macabeos 10:5; Juan 10:22.)

Reyes y Sacerdotes

Los reyes Hasmoneos fueron a la vez reyes y sumos sacerdotes.

Sus campañas victoriosas consiguieron recuperar todos los territorios que habían sido judíos en la época esplendorosa del reinado de David, mil años antes.

El patriarca Matatías, ben Hasmón, sacerdote, padre de los hermanos Macabeos, inició e inspiradó la rebelión armada contra Antíoco IV en el año 167 a.C.

Después le siguieron los tres hermanos Macabeos que se fueron turnando al frente de la rebelión, Judas, Jonatán y Simón. La rebelión alcanzó un gran éxito con la independencia de Judá.

A partir de Simón, el último de los hermanos macabeos, estableció la dinastía Hasmonea de reyes y sacerdotes, que reinará sobre Judá hasta la llegada de los romanos con Pompeyo.

La influencia griega no se detiene

A pesar del triunfo judío sobre el imperio griego, la nueva dinastía judía siguiimageó estando seducida por la cultura griega, y avanzó el mestizaje entre las dos culturas.

Los judíos que vivían fuera de Israel empezaron a olvidar su lengua para hablar solamente griego.

En Alejandría el rey Ptolomeo II mandó traducir la Biblia al griego. Es la famosa traducción de los LXX. Los judíos de la diáspora pasaron a leer la Biblia en esta traducción griega.

También en Israel el griego se hacía cada vez una lengua más utilizada. La mitad de la población no era judía y hablaba exclusivamente griego. La otra mitad judía conservaba el idioma hebreo, pero las élites eran bilingües y hablaban las dos lenguas a la perfección. Solo los campesinos desconocían el griego y hablaban el arameo, sobre todo en Galilea.

Odio entre sectas judías

Los fariseos (procedentes de los Hasidím) acusaban a los Asmoneos de haberse servido de la capacidad de liderazgo religioso que habían puesto al servicio de la rebelión macabea para asumir el control del Estado.

Los Asmoneos se habían convertido en príncipes de estilo helenístico, y surgieron dimageos grupos: los saduceos pro-asmoneos y los fariseos anti-asmoneos.

Al tiempo que hacían frente a muchos judíos que veían como sus adversarios tratándoles con la violencia y el terror.

Se intensificaron los conflictos entre los Asmoneos y los fariseos, que incluso desembocaron en una guerra civil que se cobró 50.000 vidas judías.

Aplastada la rebelión, Janeo (que se había auto proclamado sumo sacerdote y rey) actuó de una manera que recordaba a los reyes paganos: mandó empalar a 800 rebeldes e hizo matar a sus esposas e hijos ante sus agonizantes ojos, mientras él banqueteaba en público con sus concubinas.

Luchas políticas entre judíos

Estaban violando el mismo principio que con tanta nobleza habían defendido la generación anterior: la libertad de cultos.

Hircano II, que había sido sumo sacerdote, y Aristóbulo II, se enzarzaron en una lucimageha por el poder.

En 63 a.E.C., ambos hermanos pidieron al gobernante romano Pompeyo, entonces en Damasco, que mediara en su disputa.

Ese mismo año, Pompeyo y sus tropas marcharon hacia Jerusalén y asumieron el control. Fue el principio del fin de la dinastía asmonea.

En 37 a.E.C. tomó Jerusalén el rey idumeo Herodes el Grande, a quien el Senado romano había aprobado como “rey de Judea” y “aliado y amigo del pueblo romano”. Había terminado el reino asmoneo.

Gobernantes en el periodo heleno

332 a.E.C.

Alejandro Magno ejerce su control sobre Judea y su capital Jerusalén.

323 a.E.C.

Reinado de los Ptolomeos desde Egipto.

198 a.E.C.

Antíoco el Grande, que gobernaba en Siria, capturó Jerusalén. Judá pasó a formar parte de los dominios del Imperio seléucida.

165 a.E.C.

Judas Macabeo volvió a dedicar el templo purificado a Jehová con una fiesta. Los asmoneos establecen su dinastía.

Dinastía Asmonea

Los Asmoneos fueron reyes y sumo sacerdotes.

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