El comienzo de la cristiandad

Porfirio, filósofo de Tiro que se opuso al cristianismo en el siglo III, planteó la pregunta

“En cuanto a si los seguidores de Jesús, más bien que Jesús mismo, fueron responsables de la forma distintiva de la religión cristiana”.

Porfirio —y lo mismo hizo Juliano [emperador romano del siglo IV que se opuso al cristianismo]— mostró, fundándose en el Nuevo Testamento, que Jesús no se llamó a sí mismo Dios, y que no predicó acerca de sí mismo, sino acerca del único Dios, el Dios de todos. Fueron los seguidores de Jesús quienes abandonaron Sus enseñanzas e introdujeron un nuevo camino de ellos mismos en el cual Jesús (no el único Dios) fue el objeto de adoración y veneración. […] [Porfirio] tocó una cuestión importante para los pensadores cristianos:

“¿Se basa la fe cristiana en lo que predicó Jesús, o en las ideas que forjaron sus discípulos en las generaciones que siguieron a su muerte?” (The Christians as the Romans Saw Them).

Emperador romano Constantino El Grande (307 E.C. – 337 E.C.)

Constantino no era cristiano. Supuestamente se convirtió más tarde en la vida, pero no se bautizó sino hasta que se hallaba en su lecho de muerte. Henry Chadwick dice sobre él en The Early Church:

“Constantino, como su padre, adoraba al Sol Invicto; […] su conversión no debería interpretarse como una experiencia interna de la gracia […] Fue asunto militar. Él nunca comprendió muy claramente la doctrina cristiana, pero estaba seguro de que la victoria en el combate venía como dádiva del Dios de los cristianos”.

Constantino protegió al cristianismo pensando que la religión le ayudaría a unificar su imperio. Se indignaba al ver que las iglesias estaban divididas por disputas. Ansioso por ponerlas de acuerdo, estableció, y luego hizo respetar, una doctrina “verdadera”. Los obispos tuvieron que ceder en asuntos doctrinales para complacerlo, y a cambio recibieron subsidios y pagaron menos impuestos.

“Aceptar la versión ‘verdadera’ de la doctrina cristiana les abría [a los líderes religiosos] no solo las puertas del cielo, sino también las arcas del Imperio” (Historiador Charles Freeman).

Así, el clero se volvió muy influyente en cuestiones de este mundo.

“La Iglesia consiguió un protector, pero al hacerlo se ató a un amo.” (Historiador A. H. M. Jones)

“Constantino sacó a la Iglesia de su retiro del mundo para que aceptara responsabilidades sociales y contribuyó a que la Iglesia se ganara a la sociedad pagana” (The New Encyclopædia Britannica).

La alianza entre Constantino y los obispos produjo una mezcolanza de dogmas cristianos y paganos. El emperador no buscaba la verdad, sino la pluralidad religiosa. Al fin y al cabo, su imperio era pagano, así que para complacer a cristianos y paganos actuó “con total ambigüedad en su vida y en su gobierno”. constantino-el-grandeYork_zpsff1feb1c

Aunque se proclamó defensor del cristianismo, Constantino no abandonó el paganismo. Por ejemplo, practicaba astrología y adivinación (Deuteronomio 18:10-12). En el Arco de Constantino, en Roma, se le puede ver realizando sacrificios a dioses paganos. Además, siguió honrando al dios Sol al fabricar monedas con su imagen y promover su culto. Al final de su vida, Constantino incluso accedió a que un pueblecito de Italia llamado Umbría les construyera un templo a él y a su familia y nombrara sacerdotes que oficiaran en dicho templo.

En su papel de Pontífice Máximo pagano, y por lo tanto líder religioso del Imperio romano, ofreció a los obispos posiciones de poder, prominencia y riqueza como funcionarios de la religión del Estado romano.

“Algunos obispos, cegados por el esplendor de la corte, llegaron al extremo de alabar al emperador como un ángel de Dios, un ser sagrado, y profetizaron que, al igual que el Hijo de Dios, reinaría en los cielos” (Catholic Encyclopedia)

“Constantino recibió el título de Grande más por sus logros que por sus virtudes. De hecho, si se le midiera por su carácter, sería uno de los menos calificados de todos los que han recibido dicho apelativo en tiempos antiguos y modernos” (The Encyclopædia Britannica).

“Muy pronto hubo relatos sobre su carácter violento y su crueldad cuando le dominaba la cólera. […] No sentía respeto por la vida humana […;] su vida privada llegó a ser monstruosa a medida que envejeció” (La historia del cristianismo).

“Muchas veces su carácter temperamental fue la causa de que cometiera crímenes”. “La ejecución, por no decir asesinato, de su propio hijo y de su esposa, revela que el cristianismo no había ejercido ninguna influencia espiritual en él” (History of the Middle Ages).

Constantino no fue “un personaje cristiano” (Historiador H. Fisher en su obra History of Europe).

Concilio de Nicea

Los concilios eclesiásticos estaban auspiciados por los emperadores romanos. Hablando del Concilio de Nicea, el profesor Richard E. Rubenstein escribió que Constantino:

“Favorecía y enriquecía [a los obispos] más allá de sus más desorbitados sueños. En menos de un año, el nuevo emperador les devolvió o reconstruyó casi todas las iglesias, los reintegró a sus puestos y les restituyó los honores que les habían sido arrebatados […]. Constantino había otorgado a los clérigos cristianos los privilegios de que antes gozaban los sacerdotes paganos […]. Como autor de esos cambios, Constantino tenía una posición de fuerza para influir en el curso de los acontecimientos”.

“Se sentó un precedente: a partir de entonces, el emperador no solo podría intervenir en la Iglesia para fortalecerla, sino también para influir en su doctrina” (Charles Freeman).

“Constantino mismo presidió y dirigió activamente las deliberaciones […]. Intimidados por el emperador, los obispos, con solo dos excepciones, firmaron el credo, muchos de ellos en contra de sus deseos” (The Enciclopædia Britannica). nicea_p

Tras dos meses de intensos debates religiosos, este político pagano intervino y se pronunció a favor de aquellos que decían que Jesús era Dios.

“Constantino no entendía absolutamente nada acerca de las preguntas de teología griega que se plantearon”, (A Short History of Christian Doctrine).

Lo único que comprendía era que las divisiones religiosas constituían una amenaza para su imperio, y él estaba resuelto a darle solidez.

Con referencia al documento final que se redactó en Nicea bajo los auspicios de Constantino.

“Pone de manifiesto lo poco que le importaban [a Constantino] los asuntos doctrinales, […] su insistencia terca en restaurar la unidad de la Iglesia a cualquier precio y, finalmente, su convicción de que como ‘obispo de los paganos’ tenía la palabra final en todo asunto religioso” (Istoria tou Ellinikou Ethnous).

Constantino enfermó de muerte en el año 337 E.C. En los últimos momentos de su vida se bautizó, y luego murió. el día anterior había ofrecido un sacrificio a Zeus en su carácter de pontífice máximo”. Después de su fallecimiento, el Senado lo elevó a la categoría de dios romano.

Emperador Juliano (361 E.C. – 363 E.C.)

Después de Constantino, el emperador Juliano intentó oponerse al cristianismo y restablecer el paganismo.

Se dice que Juliano, sobrino de Constantino el Grande, fue el último emperador pagano de Roma. Aunque recibió una educación “cristiana”, cuando fue proclamado emperador en el año 361 rechazó públicamente el cristianismo corrupto de su época para favorecer el paganismo. Por esa razón, los libros de historia lo llaman “el Apóstata”.

Juliano detestaba el cristianismo, quizás porque con apenas seis años vio a supuestos cristianos asesinar a su padre y a otros parientes. Según varios historiadores, alentó a los judíos a reconstruir el templo, con la esperanza de demostrar que Jesús era un falso profeta.

Emperador Teodosio I (Co-Emperador, 379 E.C. – 395 E.C.)

La tentativa de Juliano fracasó, y unos veinte años más tarde el emperador Teodosio I prohibió el paganismo e impuso el “cristianismo” como la religión oficial del Imperio romano.

“El cristianismo, mejor dicho, el catolicismo ortodoxo, se convirtió al final del reinado de Teodosio en la religión oficial de todo el mundo romano” (Historiador Henri Marrou).

“Con el emperador Constantino se aliaron el cristianismo y el Imperio romano. Con Teodosio se unieron. […] Desde entonces, el título ‘católico’ quedó limitado a los que dieran culto al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo con igual reverencia. Toda la política religiosa de este emperador perseguía este fin, y resultó en que la fe católica se convirtiera en la única religión legal de los romanos” (F. J. Foakes Jackson, historiador).

“Teodosio, a la par que combatía el paganismo, adoptó una postura en favor de la Iglesia ortodoxa [católica]; su edicto de 380 E.C. prescribió que todos sus súbditos profesaran la fe del papa Dámaso y del obispo de Alejandría, y privó a los disidentes de la libertad de cultos. El gran Concilio de Constantinopla (381) reiteró las condenas de todas las herejías, y el emperador veló para que ningún obispo las defendiera. El cristianismo niceno se había convertido plenamente en la religión estatal […] La Iglesia estaba unida estrechamente con el Estado y gozaba de su apoyo exclusivo” (Jean-Rémy Palanque).

Emperador Graciano (367 E.C. – 383 E.C.)

En 382 E.C., el emperador Graciano promulgó una constitución en la que concedió a Dámaso, obispo de Roma, el derecho de oír apelaciones de otros obispos, aun de los que estuvieran en las “regiones más distantes” del Imperio. Aunque los obispos de Oriente y hasta algunos de Occidente rebatieron esta decisión, ésta dio autoridad al obispo de Roma. El obispo Dámaso aceptó la insignia de Pontifex Maximus, un título y oficio pagano que el emperador Graciano había renunciado por considerar que no era propio para un cristiano. Dámaso no tuvo dicho escrúpulo. De acuerdo con The Catholic Encyclopedia, Pontifex Maximus todavía se considera uno de los “más notables títulos” que lleva el papa. En francés todavía se llama al papa le souverain pontife, el sumo pontífice.

Cismas y disidencia

No dejó de haber quienes se opusieron a la supremacía que reclamaba el obispo de Roma. Los líderes de la iglesia en ciudades como Alejandría, Jerusalén, Antioquía y especialmente Constantinopla, pusieron en tela de juicio dicha usurpación. No obstante, aunque los líderes religiosos de estas ciudades estaban unidos en cuanto a oponerse a la dominación de Roma, no concordaban entre sí respecto a asuntos doctrinales. Había opiniones contradictorias en éstas y otras ciudades, lo cual resultó en que surgieran diferentes sectas, y todas ellas afirmaban ser cristianas.

Se hicieron varios esfuerzos por remendar la brecha que se hacía cada vez más grande entre las sectas cristianas apóstatas rivales, cuyas sedes estaban en Roma y Constantinopla, y por marcar como herejes a los maestros cristianos apóstatas de otras ciudades mediante organizar varios “Concilios Ecuménicos (universales) de la Iglesia” en el transcurso de los siglos.

El primero se celebró en Nicea en 325 E.C. a fin de condenar la “herejía” antitrinitaria de Arrio.

Otros se celebraron en Constantinopla (cuatro veces), Éfeso, Calcedonia (al otro lado de Constantinopla), y nuevamente en Nicea.

Los primeros siete concilios son reconocidos tanto por la Iglesia Católica Romana como por la Iglesia Ortodoxa.

Ninguno de estos concilios eclesiásticos “universales” se celebró en Roma, ciudad que afirmaba ser la sede universal del cristianismo. No fue sino hasta 1123 E.C. que el primer llamado Concilio Ecuménico se celebraría en Roma. Pero para entonces el “gran cisma” entre Roma y las iglesias orientales se había fraguado, pues la primera separación se efectuó en 867 E.C., y el cisma final en 1054. Por lo tanto, desde un punto de vista estrictamente histórico, nunca se celebró en Roma un concilio verdaderamente ecuménico o universal.

Rasgos destacados

I Siglo

29 E.C.

Fundación del cristianismo
 

33 E.C.

Fundación de la congregación cristiana
 

98 E.C.

El apóstol Juan, último de los apóstoles en morir

II Siglo

  Se establece la separación de cleros y legos siguiendo el patrón judío
    La filosofía griega irrumpe con fuerza en el ‘cristianismo’, especialmente con las enseñanzas de Platón
    Entre el II y el IV siglo muchas enseñanzas básicas de la Biblia han sido remplazadas por ‘la teología’ y el paganismo

III Siglo

  Quedan definidos los distintos niveles o categorías del clero

IV Siglo

313 E.C.

El emperador romano Constantino el Grande legaliza el ‘cristianismo’
 

325 E.C.

Se realiza el ‘Concilio de Nicea’
 

361 E.C.

Juliano rechaza públicamente el cristianismo corrupto y favorece el paganismo
 

380 E.C.

Teodosio I convierte ‘El cristianismo’ en la religión oficial del Estado romano
 

382 E.C.

Graciano promulga una constitución en la que concede a Dámaso, obispo de Roma, la insignia de Pontifex Maximus