La justicia

Las autoridades se exponían a sufrir su cólera si daban a su pueblo un trato injusto o arrogante.

Al juzgar los delitos, el castigo que se imponía tenía que ser proporcional a su gravedad.

El autor del robo tenía que compensar al propietario por lo que le había sustraído y, además, hacerle un pago adicional.

En un homicidio involuntario se podía huir a una de las ciudades de refugio. Una vez que jueces examinaban su causa, el homicida estaba obligado a residir en dicha ciudad hasta la muerte del sumo sacerdote, y entonces quedaba libre para irse a donde quisiera.

Era preciso que la verdad se estableciese por boca de al menos dos testigos (Deuteronomio 17:6; 19:15;Juan 8:17; 1Ti 5:19)Nueva imagen (62)

Las manos de los testigos serían las primeras en ejecutar la sentencia de muerte contra la persona culpable. Esta medida podía disuadir al que intentara dar testimonio falso, precipitado o inexacto (Deuteronomio 17:7)

Si alguien acusaba falsamente a otro, recibiría el mismo castigo que pretendía para el acusado (Deuteronomio 19:16-19)

Se prohibía el soborno (Éxodo 23:8; Deuteronomio 27:25)

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