La Pascua judía

En Jerusalén se hacían grandes preparativos cuando se acercaba el tiempo de la fiesta, pues era un requisito de la Ley que la observase todo varón israelita y todo varón de los residentes forasteros circuncisos. (Números 9:9-14.)

Esto significaba que muchísimas personas realizarían el viaje a la ciudad con algunos días de anticipación, a fin de limpiarse en sentido ceremonial. (Juan 11:55.)

Un mes antes se enviaban hombres para preparar los puentes y dejar los caminos en buen estado para comodidad de los peregrinos. Como el contacto con un cuerpo muerto dejaba a una persona inmunda, se tomaban precauciones especiales para proteger al viajero. Debido a que era costumbre enterrar a las personas en campo abierto en el caso de que muriesen allí, se blanqueaban las sepulturas un mes antes para que se distinguieran con facilidad. (Mateo 23:27.)

Se hacía disponible alojamiento en los hogares para aquellos que iban a Jerusalén con el fin de observar la Pascua. En un hogar oriental se podía dormir en todas las habitaciones y era posible acomodar a varias personas en una misma habitación. También se podía usar la azotea de la casa.

Además, hay que tener en cuenta que muchos de los que llegaban para celebrar la fiesta conseguían alojamiento fuera de la ciudad, especialmente en Betfagué y Betania, dos aldeas situadas en las laderas del monte de los Olivos. (Marcos 11:1; 14:3.)

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