Las cabañas

Era el fin de la parte principal del año agrícola.

Un tiempo de alegría y agradecimiento debido a la bendición de Jehová sobre el fruto de todas las cosechas. “Tienen que regocijarse delante de Jehová su Dios”. (Le 23:40.)

Esta fiesta era de acción de gracias por la recolección, que para ese tiempo se había recogido el grano, el aceite y el vino, lo que contribuía en gran manera al disfrute de la vida. Durante el transcurso de esta fiesta, los israelitas podían reflexionar en que su prosperidad y la abundancia de que disfrutaban no era gracias a su propio esfuerzo, sino al cuidado de su Dios.

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Puesto que el Día de Expiación se habría observado tan solo cinco días antes, el pueblo tendría un sentimiento de estar en paz con Jehová.

Aunque solo los varones estaban obligados a asistir a esta fiesta, había familias enteras que lo hacían. Durante los siete días de la fiesta, todos los asistentes tenían que morar en cabañas. (Éxodo 34:23; Le 23:42.)

Estas cabañas se levantaban en los patios de las casas, en los techos de las moradas, en los atrios del templo, en las plazas públicas y en los caminos, a una distancia de la ciudad que no excediera el camino de un sábado.

Tenían que hacerlas del “fruto de árboles espléndidos”, frondas de palmeras, ramas mayores de árboles frondosos y álamos. (Le 23:40.)

Todo el pueblo, ricos y pobres por igual, debían cumplir con esta fiesta lo que realzaba la absoluta igualdad que todos compartían en la fiesta. (Ne 8:14-16.)

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La cantidad de sacrificios que se ofrecía en esta ocasión era mayor que en cualquier otra fiesta. El sacrificio que hacía la nación —que comenzaba con trece toros en el primer día y disminuía uno cada día— ascendía a setenta toros, y ciento diecinueve corderos, carneros y machos cabríos, además de las ofrendas de grano y vino.

Los asistentes también hacían miles de ofrendas individuales durante la semana. (Números 29:12-34, 39.)

En el octavo día, en el transcurso del cual no podía realizarse ningún trabajo laborioso, se presentaban como ofrenda quemada un toro, un carnero y siete corderos machos de un año, junto con ofrendas de grano, libaciones y un macho cabrío como ofrenda por el pecado. (Números 29:35-38.)

En los años sabáticos se leía la Ley a todo el pueblo durante la fiesta. (Deuteronomio 31:10-13.)

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