Lavar los pies

Así se daba la bienvenida y se mostraba hospitalidad, que en los calurosos países del Oriente Medio se acostumbraba a realizar antes de una comida, pues las personas solían llevar sandalias para viajar por aquellos caminos secos y polvorientos.

En un hogar de término medio, el anfitrión ponía un recipiente con agua a disposición del visitante, y este se lavaba los pies. (Jueces 19:21.)

En cambio, si el anfitrión era una persona acomodada, tenía esclavos para hacer ese trabajo, pues se consideraba una tarea servil.

El que el propio anfitrión lavase los pies de la persona invitada constituía una especial demostración de humildad y afecto hacia él.image

No solo se lavaban los pies como muestra de hospitalidad a un invitado, sino que además era una costumbre que cada persona se lavara los pies antes de acostarse. (Cantar de los cantares 5:3.)

Digno de reseñar es el hecho de que a los sacerdotes levitas se les exigía que se lavasen las manos y los pies antes de entrar en el tabernáculo o de oficiar ante el altar. (Éxodo 30:17-21; 40:30-32.)

Cuando Jesús estuvo en la Tierra, un anfitrión podía ofrecer a su invitado agua para lavarse los pies, darle un beso o untarle la cabeza con aceite.

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