Roma y la persecución de cristianos

Con la expansión del cristianismo por todo el imperio y su firme posición con relación a la neutralidad cristiana, la adoración de ídolos, (los césares tenían un altar dedicado para ser adorados. Los cristianos llegaron a ser objeto de persecución enconada por no quemar incienso al emperador incluyendo al emperador), su negativa al servicio militar y un modo de vivir que era contrario a lo establecido en aquel sistema comenzaría una persecución implacable.

“Las pequeñas comunidades cristianas, con su piedad y su decoro, constituían una constante censura para el mundo pagano ávido de placeres” (El historiador Will Durant).

El contraste entre el cristianismo y el derramamiento de sangre de los combates de gladiadores romanos difícilmente podía ser mayor. Los romanos necesitaban librarse de los cristianos y de este modo calmar su conciencia. Lo que en un principio parecía un movimiento localizado e inofensivo se estaba extendiendo por todo el imperio y esto ponía en cuestión la autoridad romana ante una religión antagónica en muchos casos contra el modo de vivir romano y su férreo control sobre las personas. Por ejemplo; Roma necesitaba de forma imperiosa los esclavos para conseguir sus objetivos. El cristianismo trataba a todos por igual, sin diferencias de clase o posición, raza, culturas etc. Y esto producía ‘sarpullidos’ a las altas clases sociales de Roma que lo veían como un desafío a su estatus.Jean-Léon_Gérôme_-_The_Christian_Martyrs'_Last_Prayer_-_Walters_37113

Por otro lado, los romanos creían que una razón de su poderío militar era su adoración a todas las deidades. Por este motivo se les hacía difícil comprender la exclusividad del monoteísmo cristiano y su rechazo de todos los demás dioses, incluida la adoración al emperador. No es de extrañar que Roma viera en el cristianismo una influencia que podía socavar los mismos fundamentos del imperio.

Jesucristo y los apóstoles habían predicho que esto ocurriría (Mateo 23:34; Lucas 21:12; Juan 15:20; 2 Timoteo 3:12).

Nerón (64 E.C.)

A Nerón el pueblo le atribuyó el incendió Roma; para escapar a la ira de la población, se le ocurrió culpar a los cristianos de este crimen. El historiador Tácito dice: Neron

“A su suplicio se unió el escarnio, de manera que perecían desgarrados por los perros tras haberlos hecho cubrirse con pieles de fieras, o bien clavados en cruces, al caer el día, eran quemados de manera que sirvieran como iluminación”, antorchas humanas para iluminar los jardines imperiales. Tácito, que no simpatizaba con los cristianos, añade: “Aunque fueran culpables y merecieran los máximos castigos, provocaban la compasión, ante la idea de que perecían no por el bien público, sino por satisfacer la crueldad de uno solo, Nerón”.

Durante esta persecución, Pablo, quien había predicado desde Jerusalén hasta Roma, y quizás hasta España, fue encarcelado por segunda vez. Probablemente Nerón le dio muerte alrededor del 66 E.C. Muchos cristianos fueron encerrados en prisión y echados a los leones para ser devorados en los circos del imperio (Mateo 5:14).

Domiciano (81 E.C. – 96 E.C.)

Fue el primer emperador que exigió ser venerado como dios. Para entonces, los romanos ya distinguían bien a los cristianos de los judíos, considerándolos una secta nueva y haciéndolos el blanco de su oposición (Apocalipsis 1:9).

Es posible que en aquellos años el gobierno de Roma ya ordenara a los cristianos que participaran en los ritos de la religión estatal. Fuera o no así, en el año 112 Plinio ya se lo estaba exigiendo a los cristianos de Bitinia.

Trajano (107 E.C.)

Trajano alabó la forma en que Plinio había atendido los casos llevados ante él, y le mandó imponer la pena capital a los cristianos que rehusaran adorar a los dioses romanos. Pero también le dijo:

“[Es preciso] que quien haya negado ser cristiano y lo haga evidente con hechos, es decir, suplicando a nuestros dioses, consiga el perdón por su arrepentimiento, aunque haya sido sospechoso en el pasado”.

El culto a las divinidades imperiales se consideraba un simple reconocimiento del orden político. Por consiguiente, se tomaba como traición la negativa a realizar dichas ceremonias. Pero, como bien pudo ver Plinio, no había manera de obligar a la mayoría de los cristianos a efectuarlas. Ellos las veían como una infidelidad a Jehová, por lo que muchos preferían morir antes que idolatrar al emperador.

La Cyclopedia de McClintock y Strong (tomo X, página 519) menciona:

“Los emperadores se vieron obligados a notar el cristianismo debido a los tumultos que entre el populacho incitaron los sacerdotes paganos, quienes observaban con alarma el notable progreso de aquella fe, y por eso Trajano tuvo que decretar la supresión gradual de la nueva enseñanza que transformaba a los hombres en odiadores de los dioses”.

Plinio el Joven, gobernador de la provincia de Bitinia, envió al emperador Trajano un excepcional informe acerca de los cristianos, en el cual decía:

“Se reúnen en ciertos días antes del amanecer para cantar himnos de alabanza en honor a Cristo, su Dios; toman juramento de abstenerse de ciertos crímenes y comen de un alimento corriente pero inocente”.

La persecución de los cristianos tomó un nuevo giro para el año 112 E.C., dos años después de que el emperador Trajano nombró a Plinio gobernador de Bitinia (hoy el norotrajanoeste de Turquía). Los templos estaban casi abandonados y las ventas de forraje para los animales que se sacrificaban habían descendido considerablemente. Los comerciantes culparon de ello a la simplicidad de la adoración cristiana, en la que no cabía el sacrificio de animales ni el uso de ídolos.

Plinio procuró restablecer la adoración pagana, y los cristianos pagaron con la vida su negativa a ofrecer vino e incienso ante las estatuas del emperador. Con el tiempo, las autoridades romanas reconocieron que los cristianos eran:

“Personas virtuosas, pero inexplicablemente hostiles a la antigua tradición religiosa”, (Profesor Henry Chadwick).

Aunque ser cristiano seguía constituyendo un delito capital, los verdaderos seguidores de Jesús estaban resueltos a no transigir.

El odio también se debió a

“La molestia que causaba a las familias paganas la conversión de algún familiar”, (Profesor W. M. Ramsay).

“Se hacía muy difícil la vida social cuando el vecino no podía conformarse a las costumbres sociales más comunes debido a que implicaban el reconocimiento de deidades paganas”, (Dr. J. W. C. Wand).

No es de extrañar que muchos pensaran que los primeros cristianos odiaban a la humanidad o que les consideraran ateos.

Adriano (117 E.C. – 138 E.C.)

Policarpo era un anciano respetado de la ciudad de Esmirna (hoy Izmir), y se cree que fue discípulo directo del apóstol Juan. Se le quemó en un madero por su fe en el año 155 E.C. El gobernador romano de la provincia, Estacio Quadrato, convocó a las muchedumbres. El estadio se llenó de paganos hostiles que desdeñaron a Policarpo, de 86 años de edad, por oponerse a la adoración de sus dioses, y unos judíos fanáticos recogieron de buena gana la leña, aunque tuvieron que hacerlo durante un sábado grande.

Después se desencadenó una ola de persecución contra los cristianos por todo el mundo romano. El emperador Marco Aurelio aún endureció más el hostigamiento. Si eran ciudadanos romanos, morían por la espada; en caso contrario, se les arrojaba a las fieras en los anfiteatros. ¿Cuál era su delito? Sencillamente ser cristianos que no querían renunciar a su fe.

Septimio Severo (202 E.C.)

Clemente de Alejandría dijo de la persecución de este emperador:

“Todos los días se queman y crucifican mártires antes nuestros ojos”.

Ireneo sufrió en Lyon, Perpetua y Felicidad en Cártago (considerados cristianos)

Maximino (236 E.C.)

Por razón de muchos terremotos, que los paganos atribuían al olvido de sus dioses, se demandó otra persecución de los cristianos al grito de:

“¡Los cristianos a los leones!”.

Diocleciano (303 E.C.)

En 303 E.C. el emperador Diocleciano obró directamente contra la Biblia. Para acabar con el cristianismo, ordenó la quema de todas las Biblias cristianas.

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