Ofrendas por el pecado

Todas estas ofrendas se hacían cuando se cometía un pecado involuntario debido a la debilidad de la carne imperfecta, no “con mano alzada”, es decir, de manera abierta, expresa y orgullosa. (Números 15:30, 31) Se utilizaban diversos sacrificios animales, desde toros hasta palomos, dependiendo de la posición y las circunstancias de la persona o personas cuyo pecado debía expiarse.

Ofrenda por el pecado del sumo sacerdote que traía culpa sobre el pueblo. (Le 4:3.)

El sumo sacerdote llevaba un toro, le ponía la mano sobre la cabeza y lo degollaba. Luego introducía su sangre en el Santo y salpicaba un poco enfrente de la cortina, ponía parte sobre los cuernos del altar de incienso y el resto la derramaba “a la base del altar de la ofrenda quemada”; la grasa (como en las ofrendas de comunión) se quemaba sobre el altar de la ofrenda quemada (Le 4:4-10), y el resto del animal (incluida la piel) se quemaba en un lugar limpio fuera de la ciudad, donde se vertían las cenizas del altar. (Le 4:11, 12.)

Ofrenda por el pecado de toda la asamblea (algún pecado cometido por la asamblea del que no eran conscientes los responsables hasta más tarde). (Le 4:13.)

La congregación llevaba un toro sobre cuya cabeza los ancianos ponían sus manos. Luego uno de ellos lo degollaba, y el resto del procedimiento era el mismo que en el caso de un pecado del sumo sacerdote. (Le 4:14-21.)

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