Los Sacerdotes

Los deberes sacerdotales en el santuario eran los siguientes:

Degollar los sacrificios que llevaba el pueblo, rociar la sangre sobre el altar, cortar en pedazos los sacrificios, mantener ardiendo el fuego del altar, cocer la carne y recibir todas las otras ofrendas, como las de grano, y ocuparse de los casos de inmundicia y de los votos especiales correspondientes, etc. (Le 1–7; 12:6; 13–15; Números 6:1-21; Lu 2:22-24.)

Se encargaban de las ofrendas quemadas de la mañana y del atardecer y de todos los otros sacrificios que se hacían regularmente en el santuario, excepto los que eran responsabilidad del sumo sacerdote; también quemaban incienso sobre el altar de oro. (Éxodo 29:38-42; Números 28:1-10; 2Cr 13:10, 11.)

Ponían en orden las lámparas, las mantenían abastecidas de aceite (Éxodo 27:20, 21) y cuidaban del aceite santo y del incienso. (Números 4:16.)

Bendecían al pueblo en asambleas solemnes, según se indica en Números 6:22-27. Pero ningún otro sacerdote podía estar en el santuario cuando el sumo sacerdote entraba en el Santísimo para hacer expiación. (Le 16:17.)

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En las ciudades asignadas a ellos, ayudaban a los jueces y participaban con ellos en casos extraordinarios que no podían decidir los tribunales locales. (Deuteronomio 17:8, 9.)

Tenían que estar presentes junto con los ancianos de la ciudad en los casos de asesinato aún no resueltos, a fin de asegurarse que se siguiera el procedimiento debido para quitar de la ciudad la culpa por derramamiento de sangre. (Deuteronomio 21:1, 2, 5.)

Si un esposo celoso acusaba a su esposa de haber cometido adulterio en secreto, tenía que llevarla al santuario, donde el sacerdote efectuaba la ceremonia prescrita, en la que se apelaba al conocimiento que Jehová tenía de la inocencia o la culpabilidad de la mujer, con el fin de que Él juzgara directamente. (Números 5:11-31.)

Los sacerdotes instruían al pueblo en la Ley

La leían y explicaban a los que iban al santuario para adorar.

Cuando no estaban desempeñando sus deberes asignados, también tenían muchas oportunidades de impartir tal enseñanza, tanto en el recinto del santuario como en otras partes del país. (Deuteronomio 33:10; 2Cr 15:3; 17:7-9; Mal 2:7.)

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Cuarentena

La administración sacerdotal servía de salvaguarda para la nación tanto en limpieza religiosa como en salud física.

El sacerdote tenía que juzgar entre lo que era limpio e inmundo en los casos de lepra, tanto en el caso de un hombre como de una prenda de vestir o una casa. Se aseguraba de que se llevasen a cabo las reglas legales de cuarentena.

También oficiaba en la limpieza de los que habían sido contaminados por un cuerpo muerto o estaban inmundos debido a flujos anormales, etc. (Le 13–15.)

Servicio en la casa de Dios

En el servicio del templo los sacerdotes estaban organizados bajo diversos oficiales. Se echaban suertes para asignar ciertos servicios.

Cada una de las veinticuatro divisiones servía durante una semana a la vez, por lo que estaban asignados a desempeñar su responsabilidad dos veces al año.

Todo el sacerdocio servía en las temporadas de fiesta, cuando el pueblo ofrecía miles de sacrificios, como sucedió en la dedicación del templo. (1Cr 24:1-18, 31; 2Cr 5:11; 2Cr 29:31-35; 30:23-25; 35:10-19.)

Un sacerdote podría servir en otras ocasiones siempre que no interfiriera en los servicios específicos de los sacerdotes asignados durante ese tiempo del año.

Tabernaculo abierto

El servicio diario de más honor era quemar el incienso sobre el altar de oro. Esto se hacía después de ofrecer el sacrificio. Mientras se quemaba el incienso, el pueblo estaba reunido en oración fuera del santuario.

La tradición rabínica dice que se echaban suertes para efectuar este servicio, pero que a alguien que hubiera oficiado previamente no se le permitía participar a menos que todos los presentes hubieran realizado ese servicio antes. Si esto era así, por lo general un sacerdote solo tendría ese honor una vez en su vida.

Todos los sábados los sacerdotes tenían el privilegio de cambiar el pan de la proposición. En ese mismo día la división sacerdotal de esa semana completaba su servicio y empezaba el nuevo relevo para la siguiente semana. (Mt 12:2-5; 1Sa 21:6; 2Re 11:5-7; 2Cr 23:8.)

Los sacerdotes eran responsables de tocar las trompetas santas con el fin de dirigir al pueblo, tanto en el caso de montar o levantar el campamento, como de reunirse, entrar en batalla o celebrar alguna fiesta a Jehová. (Números 10:1-10.)

Los sacerdotes y los levitas estaban exentos de reclutamiento militar, aunque tocaban las trompetas y cantaban delante del ejército. (Números 1:47-49; 2:33; Josué 6:4; 2Cr 13:12.)

Templo, músicos levitas

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