Tribunal romano

“Entonces condujeron a Jesús desde Caifás al palacio del gobernador. Era temprano en el día ahora. Pero ellos mismos no entraron en el palacio del gobernador, para no contaminarse, sino poder comer la pascua. Por lo tanto, Pilato salió fuera a ellos y dijo: “¿Qué acusación traen contra este hombre?”. En respuesta, le dijeron: “Si este hombre no fuera delincuente, no te lo habríamos entregado”. Así que Pilato les dijo: “Tómenlo ustedes mismos y júzguenlo según su ley”. Los judíos le dijeron: “A nosotros no nos es lícito matar a nadie”. Esto, para que se cumpliera la palabra de Jesús que él había dicho para significar qué clase de muerte estaba destinado a morir”. (Juan 18:28-32)

Lo llevan ante Pilato

Tan pronto como los jueces hebreos declararon a Jesús digno de muerte, ‘lo entregaron a Poncio Pilato’. (Mat. 27:2,11). image

Juan añade: “Y era por la mañana” (Juan 18:28 y 29).

  • Era todavía la cuarta vigilia, que iba de las tres a las seis de la madrugada. Probablemente debía ser entre las cinco y las seis de la mañana del catorce de Nisan.

La ley hebrea no permitía la ejecución de una sentencia de muerte el mismo día en que se la pronunciaba; ahora bien, si eran las autoridades romanas las que la ejecutaban, los judíos se sentirían sin duda libres de responsabilidad al respecto.

Después de haber despreciado groseramente todo principio de la ley hebrea en su propio proceso judicial, entregaron a Jesús a un juez al que detestaban, pero cuya reputación de crueldad e injusticia les proporcionaba la confianza de que accedería a sus demandas, aunque fuera necesario presionar amenazando con apelar a Tiberio.

Estrategia ante Pilato

El gobernador romano Poncio Pilato, les preguntó: “¿Qué acusación traen contra este hombre?”.

Sabiendo que la blasfemia no era un delito en Roma, trataron de que lo condenara sin presentar pruebas.

  • “Si este hombre no fuera delincuente, no te lo habríamos entregado”, replicaron (Juan 18:29, 30).

Pilato rechazó tal argumento, lo cual los obligó a fabricar el siguiente cargo;

  • “A este hombre lo hallamos subvirtiendo a nuestra nación, y prohibiendo pagar impuestos a César, y diciendo que él mismo es Cristo, un rey” (Lucas 23:2).

De modo que cambiaron astutamente la falsa acusación de blasfemia por la de traición.

¿Cómo reaccionó Pilato ante la acusación de que Jesús se había hecho rey a sí mismo?

  • Era tan obvio que el acusado no suponía ninguna amenaza para Roma, que declaró: “Yo no hallo en él ninguna falta” (Juan 18:38).

Pilato sostuvo esa misma postura durante todo el juicio.

image

Unos líderes hipócritas

El proceso efectuado por ellos había acumulado no menos de una veintena de irregularidades judiciales, siendo vilmente pisoteados los principios más elementales de la ley hebrea; no obstante, manifestaban escrúpulos en cuanto a violar una disposición meramente ritual, relativa a la contaminación ceremonial.

Esa conducta denota la inconsistencia más indescriptible. No debemos olvidar que el juicio romano de Jesús tuvo lugar fuera de la puerta, y no en el pretorio.

Pilato los tomó por sorpresa al pedirles que aportaran su acusación formal. Pensaban que secundaría su juicio sin poner impedimentos.

Intentaron evadir la demanda del juez, argumentando que el juicio y sentencia ya efectuados eran prueba suficiente de su culpabilidad; de no haber sido un criminal, jamás lo habrían traído ante él para confirmar la sentencia.

Ante esa respuesta un tanto insolente, el gobernador replicó sarcásticamente a los judíos que si consideraban que su proceso judicial y sentencia bastaban, procedieran igualmente ellos mismos a la ejecución.

  1. Les estaba virtualmente diciendo que salvo que aportaran la acusación específica, no aceptaría el caso.
  2. El reconocimiento que hicieron de haber perdido su autoridad para imponer y ejecutar la sentencia capital, sonaba como música celestial en los oídos de Pilato.

Acusación

“Entonces comenzaron a acusarlo, y dijeron: “A este hombre lo hallamos subvirtiendo a nuestra nación, y prohibiendo pagar impuestos a César, y diciendo que él mismo es Cristo, un rey”. (Lucas 23:2).

Una gran carga de responsabilidadimage

Antes de que los testigos presentaran su testimonio en los procesos con posible pena capital, los tribunales judíos les hacían la siguiente advertencia relacionada con el valor de la vida:

  • “¿Lo que ustedes dicen no estará basado en suposiciones, o en rumores, o en lo que les dijeron otros testigos, o en lo que les dijo una persona digna de confianza? ¿Ustedes saben que sus declaraciones las vamos a someter a investigaciones e indagaciones? Tengan en cuenta que los juicios criminales no son como los procesos por dinero. En las causas por dinero [el testigo] puede indemnizar y expiar de ese modo [el daño]; en los juicios criminales responde por la sangre [derramada], y la de sus descendientes hasta el fin del mundo.” (El Talmud de Babilonia, “Sanedrín”, 37a.)

Cuando al acusado se le declaraba culpable, los testigos tenían que participar en la ejecución (Levítico 24:14; Deuteronomio 17:6, 7).

Los juicios en la ley romana

  1. Era el magistrado que presidía –el praetor- quien ejercía el derecho de admisión de una acusación criminal contra alguna persona. Bajo la ley romana no existían abogados acusadores de oficio. Los ciudadanos privados presentaban las acusaciones y actuaban en el proceso.
  2. En el caso de que existiera más de un acusador, se efectuaba una vista previa a fin de determinar quién actuaría como acusador.
  3. Se efectuaba una audiencia privada a fin de que el presidente del tribunal pudiera adquirir un conocimiento más completo de las acusaciones.
  4. El acusador y sus testigos presentaban los cargos procesales.
  5. Se hacía la presentación formal de la acusación ante el juez que presidía, y se decretaba fecha para el juicio.
  6. En el día señalado se iniciaba el juicio. Los portavoces convocaban a los jueces que constituían el jurado.
  7. Tenía lugar la nominación del jurado o jueces, que se efectuaba escribiendo en tabletas el nombre de un número de ciudadanos, depositándolos en una urna, y extrayendo de allí el número requerido de componentes.
  8. En el forum se ponían sillas para los jueces, y tenía lugar allí el procedimiento judicial. Los juicios romanos sólo podían celebrarse con luz de día, desde el amanecer hasta una hora antes de la puesta de sol.
  9. Finalmente se producía la decisión de los jueces, quienes emitían su voto utilizando piedras negras y blancas a modo de papeletas, la blanca indicando absolución y la negra condenación.

Lugar del juicio romano

Una de las alas del palacio de Herodes disponía de una sala de reuniones conocida como el salón del juicio, o “pretorio”.

Fue hacia el amanecer, cuando la turba judía llegó a la puerta del palacio de Herodes, con la petición de que el gobernador confirmara la sentencia de muerte que ellos habían decretado contra Jesús, y ordenara su ejecución.

Los judíos se detuvieron a la entrada del pretorio, dado que habían dado ya comienzo los preparativos para la pascua, y no se atrevían a entrar en una dependencia gentil a fin de no resultar contaminados.

image

Conversación con Pilato

“De modo que Pilato entró otra vez en el palacio del gobernador y llamó a Jesús y le dijo: “¿Eres tú el rey de los judíos?”. Jesús contestó: “¿Es por ti mismo que dices esto, o te hablaron otros acerca de mí?”. Pilato contestó: “Yo no soy judío, ¿verdad? Tu propia nación y los sacerdotes principales te entregaron a mí. ¿Qué hiciste?”. Jesús contestó: “Mi reino no es parte de este mundo. Si mi reino fuera parte de este mundo, mis servidores habrían peleado para que yo no fuera entregado a los judíos. Pero, como es el caso, mi reino no es de esta fuente”. Por lo tanto le dijo Pilato: “Bueno, pues, ¿eres tú rey?”. Jesús contestó: “Tú mismo dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio acerca de la verdad. Todo el que está de parte de la verdad escucha mi voz”. Le dijo Pilato: “¿Qué es la verdad?”. Y después de decir esto, de nuevo salió a los judíos y les dijo: “Yo no hallo en él ninguna falta” (Juan 18:33-38)

Credenciales de Jesús ante Pilatoimage

Algunos de los centuriones de Pilato, o de los miembros de su familia, habían sido sanados por Jesús, y los informes que habrían traído ante Pilato le debieron causar una muy favorable impresión del Maestro en quien muchos esperaban y confiaban como siendo el Mesías.

El gobernador habría sido informado también con satisfacción acerca de los mordaces reproches y las denuncias abiertas que Cristo hiciera a los escribas y dirigentes judíos.

Tal vez sintió como si él y Jesús tuvieran algo en común.

Cuando la mirada inquisitiva de Pilato se fijó en la del prisionero, percibió inmediatamente que se encontraba ante la víctima inocente de una cruel conspiración.

Delito político

Los judíos habían condenado a Jesús bajo la acusación de blasfemia; pero a fin de hacer frente a la emergencia del cambio de jurisdicción, mudaron sin más la acusación, que pasó de la categoría de delito religioso a la de delito político.

Presentaron tres acusaciones, que tenían en común el carácter de traición contra el gobierno y gobernador romano.

Acusaciones ante Pilato

La primera acusación en el encausamiento.

  • Hacía referencia a una forma renovada de sedición o insurrección, la misma acusación que habían sido incapaces de defender en su propio tribunal. La acusación: “a éste hemos hallado que pervierte la nación”.

El segundo punto era todavía más grave.

  • Pues rehusar pagar los impuestos y especialmente enseñar a otros a hacer lo propio era equivalente a negar la autoridad y legitimidad del gobierno, en abierto desafío a las leyes y soberanía de Roma.

La tercera acusación era la más grave de todas.

  • Puesto que la pretensión de ser rey significaba alta traición contra el César. Era la ofensa más grave que conocía la ley romana, y se castigaba con la pena más severa de todas las existentes.

Jesucristo no era una amenaza

Jesús aseguró a Pilato que no tenía razón alguna para temer una sedición o una revuelta política, debido a ambición alguna que él albergara a ese respecto.

Él era el rey de la verdad, y su liderazgo tenía sólo que ver con asuntos espirituales.

Es más que probable que Pilato supiera cómo Jesús había rehusado ser coronado rey por la gran multitud a la que alimentó de forma milagrosa, y también su rechazo a la actitud del discípulo que intentó defenderlo por la fuerza, reconviniéndole a que envainara su espada.

Como resultado de aquella entrevista privada, Pilato quedó absolutamente convencido de que Jesús era, no sólo inocente de las acusaciones formuladas contra él, sino que era la víctima de un complot que tenía por objetivo deshacerse de él de la forma que fuera.

Supo que la conspiración había sido inspirada por el odio y los celos. Por lo tanto, no esperó a obtener respuesta de esa última pregunta que le dirigió, sino que fue a la entrada del pretorio y pronunció una sentencia absolutoria en los términos: “no hallo en él ningún crimen”.

image

Llevado a Herodes Antipas

“Pero ellos empezaron a insistir, diciendo: “Alborota al pueblo enseñando por toda Judea, sí, comenzando desde Galilea hasta aquí”. Al oír aquello, Pilato preguntó si el hombre era galileo, y, después de averiguar que era de la jurisdicción de Herodes, lo envió a Herodes, quien también estaba en Jerusalén en aquellos días” Lucas 23:5-7).

Un preso incómodo

Nueva imagen (3)

Conducido a Herodes

Durante el proceso judicial Pilato demostró ser cobarde y pusilánime, así como un despreciable oportunista.

De principio a fin su conducta fue una exhibición de cobardía y subterfugio.

Estaba constantemente buscando pretextos para eludir su oficio.

La mención de Galilea fue como un rayo de luz que se abrió camino entre los tenebrosos pasos del cobarde y vacilante juez.

Creyó encontrarse ante la oportunidad de escapar de aquella situación ‘embarazosa’.

Actuó inmediatamente según esa feliz idea, y bajo la custodia de un destacamento de la guardia del pretorio, Jesús fue conducido al palacio de los macabeos, lugar en el que solía detenerse Herodes cuando visitaba la ciudad santa.

Nueva imagen (4)

En el Palacio de los Asmoneos

El antiguo palacio de los Asmoneanos, en donde residía Antipas, era casi tan espléndido como la residencia oficial de Pilato.

Se encontraba a unas pocas calles de distancia hacia el noroeste, dentro de la misma ciudad vieja amurallada, en la falda de Sión sobre cuya colina aplanada se elevaba el palacio de Herodes, convertido ahora en cuartel general de los romanos.

Era poco más de las seis cuando Antipas, madrugador como todos los orientales, oyó la conmoción en el patio de su palacio, dándosele aviso de que Jesús había sido entregado bajo su autoridad.

Minutos más tarde el prisionero fue conducido al tribunal de justicia del palacio, y Antipas se personó en el tribunal”.

image

En casa de Herodes

“Cuando Herodes vio a Jesús se regocijó mucho, pues hacía bastante tiempo que quería verlo, por haber oído acerca de él, y esperaba ver alguna señal ejecutada por él. Entonces empezó a interrogarlo con muchas palabras; pero él no le contestó nada. Sin embargo, los sacerdotes principales y los escribas siguieron poniéndose de pie y acusándolo con vehemencia. Entonces Herodes, junto con los soldados de su guardia, lo desacreditó, y, burlándose de él, lo vistió con una prenda de vestir vistosa, y lo devolvió a Pilato”. (Lucas 23:8-11)

Herodes Antipasimage

Jesús estaba bien familiarizado con el carácter de su nuevo juez. En una ocasión le había dirigido una reprensión a este individuo disoluto.

“Las páginas de la historia sagrada no describen un carácter más ruin y despreciable que el de ese jefecillo, ese disoluto saduceo idumeo. Comparado con él, Judas resulta una persona respetable. Judas tenía conciencia que, al comprender el alcance de sus actos, lo llevó al suicidio. Es dudoso que a Herodes le quedara una sola traza de ese fuego celestial que llamamos conciencia”.

Jesús ‘veía’ el corazón

Las muchas preguntas de Herodes venían inspiradas sin duda por la curiosidad. “El asesino de los profetas, el que vivía en incesto abierto y flagrante, y que no tenía motivo más elevado que la curiosidad rastrera, no merecía respuesta alguna” (The Cambridge Bible).

Jesús leyó la motivación deshonesta del malvado rey, y le dedicó el reproche más severo: su profundo silencio.

A todas luces Jesús era inocente

Eso era una segunda absolución pronunciada sobre Jesucristo, a propósito de toda acusación política lanzada contra él.

Si en algún respecto se hubiera hallado culpable de:

  1. Alborotar al pueblo.
  2. Inducir a que no se pagara el tributo.
  3. Pretender ser rey.

Habría sido la obligación de Herodes –y ciertamente su interés- el condenarlo.

Su forma de despachar el caso fue una declaración de inocencia hacia él.

Túnica blanca y roja

Nueva imagen (5)

De vuelta a Pilato

“Luego Pilato convocó a los sacerdotes principales y a los gobernantes y al pueblo, y les dijo: “Ustedes me trajeron a este hombre como amotinador del pueblo, y, ¡miren!, lo examiné delante de ustedes, pero no hallé en este hombre base alguna para las acusaciones que hacen contra él. De hecho, ni Herodes tampoco, porque nos lo devolvió; y, ¡miren!, nada que merezca la muerte ha sido cometido por él. Por tanto, lo castigaré y lo pondré en libertad” (Lucas 23:13-169).

Un castigo ilegal e injusto

Nueva imagen (6)

Costumbre en la fiesta

“Ahora bien, de fiesta en fiesta era la costumbre del gobernador poner en libertad un preso a la muchedumbre, el que quisieran. En aquel entonces tenían un preso famoso llamado Barrabás. Así que, estando ellos reunidos, les dijo Pilato: “¿A cuál quieren que les ponga en libertad?: ¿a Barrabás, o a Jesús, el llamado Cristo?”. Porque se daba cuenta de que por envidia lo habían entregado”. (Mateo 27:15-18)

“Por entonces el llamado Barrabás estaba en cadenas con los sediciosos, que en su sedición habían cometido asesinato” (Marcos 15:7)

Costumbre de soltar presoimage

Herodes el Grande había instituido la costumbre de soltar un preso en la Pascua. Al comienzo de cada Pascua el procurador ponía en libertad un prisionero escogido por los mismos judíos.

En Atenas y en Roma existía idéntica costumbre. Durante las grandes festividades nacionales el pueblo tenía el privilegio de elegir un preso para que las autoridades lo liberaran.

Es muy probable, por lo tanto, que los romanos hubiesen introducido en Judea esa costumbre. Sea cual fuere su origen, había logrado un arraigo tan grande que había venido a convertirse en una especie de obligación para el procurador. “Tenía necesidad de soltarles uno en cada fiesta” (Luc. 23:17).

Por el tiempo en que Pilato hizo aquella propuesta, es probable que grupos de entre el pueblo estuvieran ya debatiendo de qué prisionero iban a solicitar la liberación.

Barrabás o Jesús

Entonces, tomando la palabra, el gobernador les dijo: “¿A cuál de los dos quieren que les ponga en libertad?”. Ellos dijeron: “A Barrabás”. Pilato les dijo: “Entonces, ¿qué haré con Jesús, el llamado Cristo?”. Todos dijeron: “¡Al madero con él!”. Él dijo: “Pues, ¿qué mal ha hecho?”. Pero ellos siguieron clamando más y más: “¡Al madero con él!” (Mateo 27:21-23)

Por tercera vez les dijo: “Pues, ¿qué mal ha hecho este [hombre]? Yo no he hallado en él nada que merezca la muerte; por lo tanto lo castigaré y lo pondré en libertad”. Con esto, ellos se pusieron a instar a grandes voces, y a demandar que fuera fijado en un madero; y sus voces empezaron a salir triunfantes. De modo que Pilato dio sentencia de que se satisficiera la demanda de ellos: puso en libertad al que había sido echado en la prisión por sedición y asesinato, y a quien ellos demandaban, pero a Jesús lo entregó a la voluntad de ellos. (Lucas 23:22-25)

Con eso, Pilato, deseando satisfacer a la muchedumbre, les puso en libertad a Barrabás, y, habiendo hecho que le dieran latigazos a Jesús, lo entregó para que fuera fijado en un madero (Marcos 15:15)

Barrabás

Una versión del Nuevo Testamento dice: “¿A quién queréis que os suelte, a Jesús Bar Abba, o al Jesús que es llamado Cristo?” Según eso, Pilato les estaba virtualmente diciendo: ‘¿Qué Jesús queréis que os libere, Jesús el hijo de Abba, o Jesús el Rey?’

Jesús había sido procesado por su manifestación de ser el Mesías. Barrabás, o Bar Abba, se llamaba también Jesús. Jesús Barrabás significa “Jesús, el hijo de Abba”. Abba significa “padre”, por lo tanto se trataba de “Jesús, el hijo del padre”.

También él había manifestado ser el Mesías, y en su esfuerzo por demostrar su pretensión y establecer su autoridad como rey de los judíos, había instigado una insurrección que se acompañó de considerable derramamiento de sangre. Se encontraba a la espera de la sentencia de muerte que correspondía a sus delitos de sedición y asesinato. “Había uno que se llamaba Barrabás, preso con sus compañeros de motín, que habían cometido homicidio en una revuelta” (Mar. 15:7).

Jesús Barrabás era culpable precisamente de aquello mismo de lo que los judíos acusaban con falsedad a Jesús el Cristo. Por alguna razón, Barrabás era un héroe popular, un prisionero famoso, cabecilla en una revolución o insurrección probablemente dirigida contra Roma, por lo tanto, culpable del mismo crimen por el que estaban persiguiendo a Jesús, quien sólo había reclamado la realeza en el sentido espiritual del reino. Así, Pilato, sin haberlo premeditado, puso en contraste a dos prisioneros que representan las dos fuerzas antagónicas de la historia humana.

Jesús y Barrabás confrontados

Pilato estaba seguro de que el populacho escogería a Jesús; no obstante, para asegurarse de que así fuera, ordenó a los guardias del pretorio que trajeran de la cárcel al más peligroso de los presos, que era un notable criminal.

Poniéndolo junto a Jesús, pidió a la multitud que decidiera entre los dos.

Jesús Barrabás era culpable precisamente de aquello mismo de lo que los judíos acusaban con falsedad a Jesús el Cristo.

En la mente de Pilato no cabía ya duda alguna de que los judíos estaban motivados por el odio y la envidia hacia Jesús.

La esposa de Pilato y su sueño

‘No tengas nada que ver con ese justo, porque hoy he sufrido mucho en sueños por causa de él (Mat. 27:19).

Esa advertencia llenó a Pilato de un miedo supersticioso.

La esposa de Pilato en un sueño de origen divino había sido informada del magnicidio que se avecinaba.

Esta mujer no era judía, pero mientras miraba a Jesús en su sueño no tuvo duda alguna acerca de su carácter o misión.

Quizás;

  • Sabía que era el Príncipe de Dios.
  • Le vio juzgado en el tribunal. Vio las manos estrechamente ligadas como las manos de un criminal.
  • Vio a Herodes y sus soldados realizando su impía obra.
  • Oyó a los sacerdotes y príncipes, llenos de envidia y malicia, acusándole furiosamente.
  • Oyó las palabras: ‘Nosotros tenemos ley, y según nuestra ley debe morir’.
  • Vio a Pilato entregando a Jesús para ser azotado, después de haber declarado: ‘Yo no hallo en él ningún crimen’.
  • Oyó la condenación pronunciada por Pilato, y le vio entregar a Cristo a sus homicidas.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s